The Tale of the Princess Kaguya (Isao Takahata, 2013)3 minutos de lectura

The Tale of the Princess Kaguya (Isao Takahata, 2013)
The Tale of the Princess Kaguya (Isao Takahata, 2013)

Una niña en forma de diminuta princesa aparece mágicamente en un campo de bambú y, tomada como un regalo de los dioses, un viejo matrimonio la cría como si fuera su hija. Ese es el punto de partida, de rotunda sencillez, del que parte El cuento de la Princesa Kaguya (2013) y del cuento tradicional que adapta (El cuento del cortador de bambú). Una sencillez que contagiada a los trazos de acuarela de los que se sirve Isao Takahata para crear su última obra dentro de Studio Ghibli, sirve para desplegar un relato de rebosante imaginación, ternura y valor en su narración de la vida de la princesa Kaguya a su paso por la Tierra. Con un estilo artístico casi esquemático que se despoja del exceso de detalles acostumbrado en gran parte de la animación actual, parece querer que el espectador asuma las imágenes como parte de sus propios recuerdos, de una fantasía común cuyas líneas básicas pueden completarse a través de nuestras emociones ante ellas.

La vida de Kaguya se define en principio por un desarrollo físico anormalmente rápido, abrupto, que expresa visualmente la fugacidad de su vida y la inevitabilidad del paso del tiempo sin que se pueda aferrar a los momentos de felicidad que experimenta durante el transcurso de su infancia en la naturaleza. Sus padres, confundidos ante las señales, siguen los pasos de una profecía autocumplida para convertir a su hija en lo máximo a lo que pueda aspirar una joven en el Japón feudal: una virtuosa princesa digna de un buen pretendiente de la nobleza. Pasa así de una posibilidad de libertad y satisfacción plena a un mundo desconocido en el que tiene que responder ante las expectativas de su familia y de la sociedad. Como princesa su personalidad se desvanece, sus deseos se vuelven irrelevantes, sus sentimientos se deben quedar para ella misma y en su interior sólo cabe una creciente tristeza y el ansia por huir de un matrimonio que no quiere, de una posición social que no la satisface, de un entorno que la oprime para aceptar una identidad que no es la suya.

The Tale of the Princess Kaguya (Isao Takahata, 2013)
The Tale of the Princess Kaguya (Isao Takahata, 2013)

Takahata se sirve de la observación de escenas cotidianas sin grandes conflictos y de la mezcla de elementos mundanos, con la presencia casi anecdótica en su mayor parte de lo fantástico, para configurar una historia que dota a su heroína protagonista de un realismo y autenticidad inequívocamente humanos. Aunque Kaguya sea un personaje de cuento, sus problemas y aspiraciones se pueden trasladar sin dificultad al contexto social actual en una lectura indiscutiblemente feminista de un discurso que no se puede ni se debe ignorar. Su ingenio le permite salir airosa de muchas situaciones y utilizar pequeños resquicios en su instrucción para manifestarse tal como es y encontrar así un espacio personal en el que conservar al menos parte de la esencia de lo que ya nunca podrá ser, de la memoria nostálgica de una niñez y felicidad imposibles de recuperar. Porque de eso también habla esta película, del prodigio de felicidad y sufrimiento que supone la trayectoria de los seres humanos durante su existencia. Una no puede existir sin el otro y renunciar a alguno de ellos significa en verdad rehusar vivir en absoluto.

¿Quién es Kaguya? Probablemente ni ella misma lo sabe con certeza, pero para los demás se ve reducida a una enigmática y bella princesa por la que ilustres pretendientes impresionados por su reputación son capaces de mentir sin pudor, falsificar objetos míticos o arriesgarse a morir. Ante la perspectiva de poseerla como si de un tesoro único se tratase, todos le asignan los valores e ideales que la cultura de la época impone como imprescindibles en una joven de su posición. Sus anhelos se proyectan en ella como si careciera de necesidades o capacidad de decisión por si misma. Esto provoca la irrupción con extrema energía del instante clave de la cinta en el que su desesperación, frustración y amargura explotan en la más vertiginosa, contundente y desgarradora de las secuencias. Un maravilloso grito silencioso de libertad a través de un escape metafórico en el que la música delicadamente dramática de Joe Hisaishi acompaña la transformación explícita de su figura, que se deforma en movimiento a través de un paisaje ahora nebuloso despojándose de sus ropajes, esas lujosas ataduras a su desencanto. Su mismo nombre es una declaración de la imposibilidad de recluir totalmente su espíritu, de capturar la supuesta luz que emana de ella, de modelar el pequeño bambú que crece salvaje en la naturaleza. Ella es Kaguya.


Por Ramón Rey

Crítico y periodista cinematográfico.