The Party (Sally Potter, 2017)2 minutos de lectura

The Party (Sally Potter, 2017)
The Party (Sally Potter, 2017)

La undécima y última jornada del Festival de Berlín sirvió para recuperar algunas de las proyecciones de la Sección Oficial imposibles de atender por la frenética programación diaria del mismo en sus pobladas secciones paralelas. Si ya fuera de competición se encontraba El bar (Álex de la Iglesia, 2017) explotando las posibilidades dramáticas de observar a un grupo de personas dentro de un lugar cerrado expuestos a una situación externa muy particular que ponía a prueba sus límites desde los códigos del thriller, en The Party (Sally Potter, 2017) se puede encontrar una propuesta que evoca a aquella —a su primer y afinado tramo— de manera inmediata desde una puesta en escena que transmite, para bien y para mal, una gran teatralidad inherente a la esencia de su narración. Son los principios morales de los personajes y sus conflictos internos los que mueven sin embargo un relato en el que la que será nueva ministra del gabinete del gobierno del Reino Unido reúne en su casa a un grupo de amigos para celebrar la cumbre de su carrera política y de su vida.

A través de diálogos profundamente divertidos, cargados de una afilada ironía y una elaborada exposición de las dinámicas y relaciones entre personajes, sus contradicciones, mentiras y la hipocresía imperante en todos ellos, The Party realiza su peculiar y negra visión de la naturaleza humana según el devenir de las revelaciones y sus consecuencias para el grupo y cada uno de ellos en concreto. Las apariencias engañan y la representación de una impecable, independiente y profesional mujer adulta esconde a una víctima pero también perpetradora de inseguridades y traiciones propias y ajenas, a cada cual más paradójica. Un moderno sainete rodado en blanco y negro que construye con el transcurso del tiempo momentos de una mezcla muy inspirada de elementos trágicos y cómicos, que sin embargo dejan de lado la sutileza para juzgar de manera insistente y obvia a todos los implicados según quedan en evidencia con sus palabras e intenciones. Una falta de sutileza que se percibe también en el montaje, excesivamente expresivo y que además traiciona esa misma teatralidad en la que está fundamentada la cinta.

The Party (Sally Potter, 2017)
The Party (Sally Potter, 2017)

Una contradicción que lamentablemente sufre durante todo su metraje en su misma configuración formal. Aunque (casi) todo lo que ocurre en la película acontece en el nivel comunicativo de los personajes y siendo eminentemente teatral, el trabajo con la cámara de la directora parece ignorarlo y en lugar de dejar que esto guíe la composición del espacio en el decorado que es la habitación de la casa donde transcurre prácticamente en su totalidad, se empeña en fragmentarlo caprichosamente. Incoherencia que se transmite al uso de una fotografía deliberadamente artificiosa. Al final —con su inconsistencia entre la acción que describe y las imágenes en las que la traduce— tanto la incapacidad para mantener una mínima distancia con el trabajo de sus actores como una deriva argumental hacia recursos más efectistas provocan una pérdida de la perspectiva humana en una película que parece diseñada para justificar ese llamativo plano de Kristin Scott Thomas empuñando un arma que muestra en determinado momento.


Por Ramón Rey

Crítico y periodista cinematográfico.