The First Lap (Kim Dae-hwan, 2017)2 minutos de lectura

The First Lap (Kim Dae-hwan, 2017)
The First Lap (Kim Dae-hwan, 2017)

En la sección de competición internacional Rellumes se pudo ver The First Lap (2017), el segundo largometraje del coreano Kim Dae-hwan tras End of Winter (2014) y que es también el segundo de una trilogía ya planeada por el director sobre la familia. Si en su primera aproximación al cine el referente más cercano por su preciso retrato familiar y del desplome de las paredes de su hogar a partir de largos planos fijos era Yasujirō Ozu, en esta nueva película el uso de la cámara en mano y la explotación de lo irónico en situaciones y diálogos cotidianos lo acercan un poco más a Hong Sang-soo. Todo ello sin desmerecer la construcción de un estilo propio en el planteamiento dramático, narrativo y temático de sus dos sólidas obras vistas hasta el momento. Ahora es una pareja que ya comparten un apartamento juntos desde hace años sin estar casados los que sirven de centro de atención mientras intentan resolver sus dudas sobre su futuro.

La visita a los padres de cada uno de ellos –adinerados y de ciudad los de ella con los que mantiene una relación cercana, humildes y de pueblo los de él, de los que se ha distanciado–, sirve de panorámica de las normas y costumbres tradicionales respecto al matrimonio y las relaciones en la sociedad coreana. Pero también a modo de contraste con los deseos individuales de los jóvenes protagonistas, en constante tensión con las obligaciones familiares y en una búsqueda de la felicidad que parece incompleta e imposible siguiendo las recomendaciones por el mero interés o por el amor que recibe concretamente la joven Ji-young, quien tiene aparentemente la mayor parte de presión de tomar una decisión al respecto por la urgencia de su edad.

The First Lap (Kim Dae-hwan, 2017)
The First Lap (Kim Dae-hwan, 2017)

Tanto las situaciones incómodas y diálogos fuera de lugar como las contradicciones inherentes a la pareja y la distancia generacional se aprovechan como afinado catalizador de comedia y drama, en un retrato de una pareja todavía con la vida por delante que antes de comprometerse con el otro y aceptar grandes responsabilidades debe decidir qué tipo de personas quieren ser. Esa exploración de la identidad a través de su relación con los padres y ambientada en un tumultuoso momento de la historia reciente del país sirve de contextualización a unos personajes que deben aprender a perderse y a encontrarse juntos, a elegir su camino independientemente de la opinión y el juicio de los demás. El roadtrip a la otra punta de Corea funciona para lo primero y un paseo por las calles de la capital atestada de gente establece lo segundo. Dos ejemplos de la habilidad del director para utilizar elementos cotidianos y costumbristas, expandir y usar las fronteras físicas con la cámara de los hogares como universos complejos donde se refleja toda la sociedad y viceversa.


Por Ramón Rey

Crítico y periodista cinematográfico.