T2: Trainspotting (Danny Boyle, 2017)3 minutos de lectura

T2: Trainspotting (Danny Boyle, 2017)
T2: Trainspotting (Danny Boyle, 2017)

Fuera de competición se encontraba la continuación de una de las obras más emblemáticas de los años noventa. Algo que quizá no sorprenda, inmersos como estamos en una espiral de nostalgia que nos engulle a todos, como aquel urinario más sucio de Escocia en el que Ewan McGregor se zambullía hace nada menos que veinte años. Ahora en T2: Trainspotting (Danny Boyle, 2017) se sigue a los mismos personajes supervivientes de aquel statement generacional tan concreto como universal, que explotaba la referencia cultural —musical, deportiva y cinematográfica— como vía de comunión con el espectador y recurso cinematográfico legítimo. Pero veinte años son muchos y su director y la propia película es consciente de ello. Se presenta así una secuela que hace de la reflexión sobre el pasado y la identidad su verdadera razón de ser, alejada de la autojustificación y el mero homenaje a unos personajes que el espectador de hoy no tiene por qué conocer.

Algo que trasciende a lo metaficcional en una secuencia en la que Mark y Simon tratan de explicar a la joven novia búlgara de este último la importancia de eventos y figuras de su niñez y juventud mientras ella admira silenciosa su entusiasmo, pero evidentemente sin comprender la verdadera dimensión de ese —para ellos— relato mítico. Boyle ni siquiera lo intenta, algo que favorece su ponderación como historia independiente. Mark Renton ha vuelto a Edimburgo tras un ataque cardíaco que le ha hecho replantearse su vida, después de una huida en la que cambió completamente para alejarse de la muerte y las adicciones nocivas para cumplir con su papel de ciudadano medio insatisfecho con trabajo de oficina seguro y una familia. Su regreso pone en movimiento planes delictivos maquiavélicos y reaviva la sed de venganza de amigos y enemigos. Algunas cosas cambian, pero otras no. La gentrificación ha podido transformar la ciudad pero no a unos seres estancados todavía en sus locuras de juventud y atrapados por los sueños de la infancia.

T2: Trainspotting (Danny Boyle, 2017)
T2: Trainspotting (Danny Boyle, 2017)

El característico estilo enérgico del director de Trainspotting (1996) con las imágenes y su tendencia al montaje videoclipero permanece como sello de identidad (al igual que en el resto de su filmografía), pero aquí de manera más relajada. No se trata de un relato frenético —únicamente en algunas secuencias, las que más recuerdan a la producción original— y se presta especial atención a concretar en la presentación de Mark, Simon, Spud y Franco qué es de ellos ahora para contextualizar. Es la reconexión con el pasado, la familia, los amigos y las expectativas de aquellos tiempos donde se centra la mayor atención, mientras la inevitable debacle de las traiciones y las heridas aún sin cicatrizar van configurándose. Además, los momentos musicales o la utilización de la banda sonora incluyen guiños que sirven para recalcar que estamos en otra época con otra música y supone un deliberado distanciamiento referencial que en cierta medida se ríe de las expectativas de los espectadores. Pueden ser otros las films que se ven o los futbolistas a los que se admira, pero todo aquello que te marcó en la juventud permanecerá contigo para siempre, incluido tú mismo. Elige vinilo o Spotify. Elige VHS o Netflix. Elige Nokia o Apple. Elige la vida.


Por Ramón Rey

Crítico y periodista cinematográfico.