Sieranevada (Cristi Puiu, 2016)2 minutos de lectura

Sieranevada (Cristi Puiu, 2016)
Sieranevada (Cristi Puiu, 2016)

La familia como eje institucional de la vida y refugio del individuo tiende a reflejar miméticamente tanto los valores como los vicios de la sociedad en la que se enmarca. Se configura así un núcleo generador de conflictos ideal para contraponer la naturaleza del espíritu humano a sus carencias, taras y miserias inconfesables. En Sieranevada (Cristi Puiu, 2016) la reunión conmemorativa por la muerte del patriarca pocos días después del ataque terrorista a las oficinas de Charlie Hebdo se transforma en una efervescente confrontación de todos sus miembros a fantasmas del pasado. Fantasmas que toman la forma de verdades dadas por sentado e incuestionables, de unas dinámicas entre ellos que se sustentan en una ilusión mantenida por el silencio, de una cohesión familiar cimentada sobre el autoengaño.

Puiu utiliza durante muchos minutos del metraje largos planos secuencia que siguen la evolución de las discusiones de sus protagonistas en el interior de una casa, a modo de un interminable sainete rumano que en demasiados instantes no parece trascender la esencia del teatro filmado. El uso de estos planos que pretenden actuar a modo de mirada natural del espectador acaba en realidad ahogando la puesta en escena. Porque si ya es complicado dar espacio y desarrollo a todos los personajes y sus interacciones, forzarlo para crear momentos en que todos ellos tienen lugar al mismo tiempo es además una forma de saturar al espectador e incluso alienarlo. Pero lo que más artificioso resulta de la cinta en su conjunto es la inclusión de unas referencias y comentarios políticos que abordan de forma muy simplista no sólo la historia de Rumanía, sino también el trasfondo de la situación geopolítica mundial y su relación con la actualidad. Todo mientras se alternan con las riñas cotidianas, bromas y urgencias varias integradas en su visión costumbrista como base del drama.

Sieranevada (Cristi Puiu, 2016)
Sieranevada (Cristi Puiu, 2016)

Son los actores y el texto de sus diálogos los que consiguen darle una gran entidad narrativa a la obra, alcanzando una dimensión global temática desde lo concreto y personal. Ahí es donde brilla Sieranevada, transitando desde lo trágico a lo patético o inesperadamente ocurrente. Con esas herramientas la elaboración de cómo afecta la mentira a la concepción y el punto de vista de nuestro microuniverso emocional abre camino a horizontes mucho más ambiciosos. La aceptación de la verdad otorgada y oficial como única y auténtica como claves para mantener un status quo de quienes participan en ella a costa de un precio medido, pero desconocido para sus víctimas. Algo válido igualmente para justificar guerras, atacar ideologías o mantener unida a una estirpe, pero siempre desde una premisa inevitable: todo comienza por el engaño a uno mismo, promovido por una circunstancias y motivaciones que siempre parecen legítimas.


Por Ramón Rey

Crítico y periodista cinematográfico.