Selbstkritik eines bürgerlichen Hundes (Julian Radlmaier, 2017)2 minutos de lectura

Selbstkritik eines bürgerlichen Hundes (Julian Radlmaier, 2017)
Selbstkritik eines bürgerlichen Hundes (Julian Radlmaier, 2017)

Y dentro de ese contenedor de nuevos talentos del cine alemán que es Perspektive Deutsches Kino, que debe servir para echar un vistazo al futuro de su cinematografía, este año se hacía especial hincapié en la generación millennial tanto a nivel de temática como en la inclusión de un buen número de cineastas que entran dentro de esa etiqueta por su edad. Self-criticism of a Bourgeois Dog (Julian Radlmaier, 2017) es un buen ejemplo de ello desde una propuesta visual extraordinaria que desarrolla un discurso crítico a través de una sátira finamente elaborada en los diálogos y elevada por una puesta en escena que potencia los gags visuales desde un preciso sentido del espacio en una muy medida fotografía de relación de aspecto 1,37:1 que explota la profundidad de campo como recurso narrativo omnipresente. En ella Julian es un joven director de cine frustrado que se ve obligado a trabajar como recolector de fruta en una plantación de manzanos y utiliza su situación para intentar ligar con una chica canadiense con la que hace pasar su labor por investigación para una nueva película en la que ella podrá ser la protagonista.

Todo esto contado por un galgo que explica a la audiencia las peripecias que le han llevado a convertirse en un perro y que da una dimensión del característico humor que rezuma cada secuencia del film. Utilizando la plantación y sus trabajadores como una metáfora del sistema económico actual, la explotación de los mismos y la lucha por mejores condiciones laborales, la alienación del proletariado y la conciencia de clase son tratados desde una perspectiva caricaturesca que alcanza a su propio protagonista y director. Si el dibujo irónico de la revolución comunista que pretenden buscar los personajes recuerda de manera paródica a obras como La Chinoise (Jean-Luc Godard, 1967) o de forma más inmediata a Week-End (Jean-Luc Godard, 1967), su protagonista parece moldeado a imagen del propio Godard, como ese individuo de origen y aspiraciones burguesas que apoya hipócritamente un movimiento que no deja de criticar y deslegitimar desde una posición de superioridad intelectual.

Selbstkritik eines bürgerlichen Hundes (Julian Radlmaier, 2017)
Selbstkritik eines bürgerlichen Hundes (Julian Radlmaier, 2017)

La reducción al absurdo de la aproximación crítica hacia los jóvenes y su reacción contra el sistema neoliberal provocada por la crisis financiera lleva a una idea aún más alocada: comunismo sin comunistas. Se pretende cambiar la estructura de poder, pero no vale con sustituirla por otra: es necesario eliminarla por completo. Y mucho menos hacer sacrificios por esa transformación política, todo tiene que ser inmediato sin tener en cuenta los procesos históricos necesarios para que algo así pueda ocurrir. De facto, todo el activismo político del relato resulta periférico al personaje interpretado por Julian Radlmaier. Alguien que únicamente observa siempre desde la distancia para aprovechar lo que pueda de la situación sin necesidad de comprometerse con la causa. A fin de cuentas lo que le mueve únicamente es su bienestar individual y sus intereses egoístas. Una falta de ideales y un sentido de la autoconservación que es presentado como el verdadero enemigo interior a derrocar para que cualquier tipo de cambio social pueda triunfar.


Por Ramón Rey

Crítico y periodista cinematográfico.