Sangailes vasara (Alante Kavaite, 2015)3 minutos de lectura

Sangailes vasara (Alante Kavaite, 2015)
Sangailes vasara (Alante Kavaite, 2015)

La crisis constante que supone la adolescencia, con la transformación física y los cambios psicológicos que definen radicalmente la identidad, tiene en relación con el entorno un desafío continuo que cuestiona la validez de nuestra propia esencia. Un reto que afecta de forma diferente a cada individuo y que puede tener consecuencias nefastas al enfrentar directamente los anhelos personales con las expectativas familiares y sociales. En El verano de Sangaile (Alanté Kavaité, 2015) se plantea de forma dual esa búsqueda de uno mismo a través de la joven interpretada por Julija Steponaityte, que pasa las vacaciones estivales con sus padres en una casa alejada de la ciudad. La exploración física del lugar le lleva a encontrar a la joven Auste durante una exhibición de acrobacias aéreas, con la que establece primero una amistad y después un romance que servirá de foco principal del relato.

Sangaile es una chica introvertida y de rostro taciturno, que viste discretamente ocultando lo máximo posible su cuerpo y las cicatrices que dejan unos cortes autoinfligidos, la única vía de escape que ha encontrado para superar el dolor de unas heridas más profundas provocadas por la angustiosa frustración que experimenta en su día a día. Auste sin embargo se expresa en todo momento a través de sus inquietudes artísticas con su llamativa ropa diseñada por ella misma, sus fotografías, la cocina y la manifestación explícita de sus deseos. Ambas representan modelos completamente distintos de mujer, pero también formas distintas de afrontar la vida: mientras Sangaile está reprimida por su orientación sexual, sus intereses y la dinámica con sus padres, Auste responde únicamente ante la responsabilidad de sus actos liberada de cualquier lastre. La evolución de su relación transita hacia una intimidad cada vez más profunda, mientras funciona de catalizador para que la primera descubra y asuma quien es. No sólo para con ella, sino también hacia los demás. Eso se ve reflejado en las numerosas salidas en la naturaleza pasando tiempo juntas o mientras se prueba ropa y posa en sesiones de fotos con diversos estilismos (o versiones alternativas de quien podría ser) que sólo reafirman su carácter e instintiva vocación.

Sangailes vasara (Alante Kavaite, 2015)
Sangailes vasara (Alante Kavaite, 2015)

La fricción del personaje principal con lo que le rodea y sus conflictos internos vienen derivados de su forma de comportarse, alejada de la femineidad normativa (no se maquilla, lleva ropa que no resalta sus atributos físicos) y los roles de género preestablecidos (ser piloto de acrobacias no es una profesión tradicionalmente asociada con su sexo). Algo que choca frontalmente no sólo con la sociedad sino también con el legado y la antigua carrera profesional de su progenitora, bailarina de danza clásica, que podría considerarse el epítome de la exposición de fragilidad y la búsqueda de la belleza ejercida por la mujer históricamente. La mirada de la directora se posiciona distante pero nunca fría, desde una extraordinaria sensibilidad que le permite describir una historia muy concreta y otorgarle el valor de universal en todo momento. Esa minuciosa observación de los espacios de Sangaile en ausencia de adultos en el umbral de convertirse en uno de ellos, la perspectiva de la dinámica de grupo que se genera con otros jóvenes y el tratamiento completamente natural del descubrimiento de su atracción por otra chica son pasos que todos recorremos de alguna u otra manera.

Secuencia a secuencia, Kavaité elabora con sencillez y precisión el retrato y desarrollo psicológico de su protagonista mediante planos repletos de detalles sutiles. Su concisa narración a partir de una austera puesta en escena construye además con delicadeza una atmósfera de intensa expresividad poética en los encuentros amorosos, en interiores o en plena naturaleza, aprovechando la luz y los colores cálidos en un recorrido visual que pasa equilibradamente desde la adusta cotidianidad al jovial territorio de lo onírico, del claustrofóbico ambiente familiar a la emancipadora proximidad del personaje de Aiste Dirziute. Un lugar donde el amor recibido puede ser vehículo de transformación para reforzar la autoestima, destruir prisiones imaginarias y superar barreras imposibles. El vértigo que sufre Sangaile, lo único que se interpone en su deseo de pilotar aviones, sirve como presentación externa de su miedo a no estar a la altura de los estándares bajo los que creció su madre, a no encontrar su lugar en el mundo o elegir un camino particular y arriesgarse a ser verdaderamente libre. Tan importante puede resultar en este proceso la honda introspección como ser capaz de explorar sola las solitarias inmediaciones del lago, la central eléctrica o la azotea de la casa de su amada.


Por Ramón Rey

Crítico y periodista cinematográfico.