Safari (Ulrich Seidl, 2016)2 minutos de lectura

Safari (Ulrich Seidl, 2016)
Safari (Ulrich Seidl, 2016)

La tercera jornada desde el Festival de Sevilla contiene dos títulos de intenciones y recursos humorísticos radicalmente diferentes. En Sección Oficial encontramos Safari (Ulrich Seidl, 2016), un documental que fija su mirada sobre el fenómeno de la caza turística en el continente africano. A partir del contexto de los safaris organizados en una de estas instalaciones creadas para explotar la vida salvaje con safaris guiados —para quienes se lo pueden permitir—, Seidl elabora su discurso a través de una concienzuda planificación y estructura en el montaje, combinando su inquisitiva perspectiva estática y elaborada composición durante sus entrevistas con el seguimiento cercano en sus batidas. Varias generaciones de visitantes confluyen en un rancho en el que las distintas especies están a disposición de los clientes a través de un catálogo. Impecablemente vestidos y equipados, exploran la sabana con la ayuda de la experiencia y consejos de los ayudantes del parque de este atracciones para que su única preocupación y responsabilidad sea apuntar con su mira telescópica y apretar el gatillo.

Todo con el único objetivo de la emoción de la matanza, la adrenalina del disparo, el estatus que les otorga como cazadores una pieza de mayor o menor tamaño, rareza o especial distinción estética. El colonialismo occidental tarda poco en aparecer debajo de la expresión de la mentalidad de los entrevistados y protagonistas delante de la cámara en sus expediciones. La caza de esos preciosos animales se justifica con la riqueza que provee a los habitantes de países del tercer mundo y el capital extranjero que atrae. ¿O era que aniquilar ejemplares como deporte ayuda a la reproducción y al crecimiento de su número, a mejorar su especie al acabar con los más viejos y débiles? Cuanto más tiempo les permite explicarse, más paradójico y surrealista resultan sus argumentos, más incoherente e innecesario parece una afición diseñada para que las élites sigan exhibiendo su poder para actuar con impunidad en cualquier parte del mundo.

Safari (Ulrich Seidl, 2016)
Safari (Ulrich Seidl, 2016)

Llegan hasta a transformar el lenguaje para amoldar la realidad a su punto de vista, uno repleto de eufemismos que sirve para construir toda una narrativa épica alrededor de su actividad. Uno que desmonta por completo la simple observación de lo que realmente hacen allí y que el director contrapone desde la ironía y las relaciones visuales con elementos de la puesta en escena en sus encuadres. Según avanzan los minutos el tamaño y la dificultad de los trofeos que “se cobran” aumenta. Desde la apariencia de lujo y glamour de los turistas equipados de arriba a abajo, pasamos a las estrategias para acechar y acabar con los animales que se encuentran y después a la sangrienta rutina de los trabajadores dedicados a destripar, despellejar y preparar la carne para su consumo. Allí es donde sobran las palabras, donde queda clara la explotación absoluta de la naturaleza a capricho de los que no ven razón para protegerla, porque —al igual que todo lo demás— consideran que les pertenece.


Por Ramón Rey

Crítico y periodista cinematográfico.