Pornocratie: Les nouvelles multinationales du sexe (Ovidie, 2017)3 minutos de lectura

Pornocratie: Les nouvelles multinationales du sexe (Ovidie, 2017)
Pornocratie: Les nouvelles multinationales du sexe (Ovidie, 2017)

Resulta paradójico que una industria como la pornografía –pionera tanto en adoptar las nuevas tecnologías de distribución de contenidos audiovisuales como aprovechar los modelos de negocio asociados a ellas durante décadas, desde que emergiera al mainstream en los años setenta del pasado siglo– haya sido víctima de los profundos cambios que supone Internet para su consumo. Lo que iba a ser el siguiente paso y su salvación frente al colapso de las ventas de DVD, fue el arma para que una misteriosa compañía multinacional se hiciera con el control del sector a nivel mundial, creando un monopolio que ha destruido y deteriorado sus condiciones económicas y laborales. Esto es el objeto de estudio del documental Pornocracy (Ovidie, 2017) en el que su directora, antigua actriz erótica, pretende realizar una panorámica de su estado actual desde distintos ángulos y dar a conocer las turbias actividades de MindGeek, la empresa que controla de facto la distribución online de contenido para adultos y por extensión su monetización.

La directora sirve de guía con su presencia en pantalla y voz de narradora –con un tono en muchas ocasiones involuntariamente cómico por la naturaleza exageradamente obvia y sobredramatizada de sus reflexiones– en un viaje estructurado temática y geográficamente que la lleva desde Hungría a Estados Unidos, pasando por Alemania, visitando los principales puntos de interés para denunciar el profundo estado de precariedad en el que trabajan las actrices, la decadencia de sus eventos y productoras y la contradicción de que en la actualidad sin embargo los contenidos para adultos se consuman más que nunca a través de sitios web de streaming de video (los tubes), que incumplen los derechos de autor de los propietarios de las creaciones disponibles en ellos. Un tejido de empresas fantasma ha destruido la forma de vida de los profesionales del sector y se ha hecho una imagen pública legítima a través de una marca reconocible como PornHub, que usa como gran tapadera de relaciones públicas y marketing. Poco aporta el documental más allá de señalar una realidad que ha sido denunciada en múltiples ocasiones por profesionales y periodistas de investigación.

Pornocratie: Les nouvelles multinationales du sexe  (Ovidie, 2017)
Pornocratie: Les nouvelles multinationales du sexe (Ovidie, 2017)

A través de entrevistas a figuras relevantes y a quienes han tenido experiencias de primera mano con esta empresa de oscuras intenciones y de las propias opiniones de Ovidie, se denuncia –sin pizca de reconocimiento de la ironía que supone– que un negocio basado en la explotación sexual ahora se vea utilizado por terceros como un mero instrumento para nada más que el beneficio privado de sus desconocidos propietarios. Una contradicción en su discurso que en ningún momento se plantea ni explora, expresando un victimismo exasperante que devalúa el conjunto. Incluso se llega a mostrar en repetidas ocasiones la preocupación de que los niños puedan acceder a sus productos por culpa de las malas prácticas que han supuesto las páginas gratuitas carentes de cualquier control gubernamental en su funcionamiento. La culpa de los mínimos sueldos de las actrices, de sus largas jornadas de trabajo y de unas cada vez mayores exigencias que ponen en peligro su salud e integridad física se la atribuyen a un enemigo oculto que lo único que ha hecho es emplear la misma naturaleza de sus actividades para lo que parece ser mover ingentes cantidades de dinero provenientes muy probablemente de organizaciones criminales. La ausencia de auténticas conclusiones también es insatisfactoria para el espectador, por la imposibilidad de explicar el verdadero origen de una situación en la que que se ha aprovechado del refinamiento de las estrategias financieras del capitalismo moderno para controlar una de sus expresiones culturales más evidentes en un momento en el que su aceptación social está en el punto más álgido.


Por Ramón Rey

Crítico y periodista cinematográfico.