Personal Shopper (Olivier Assayas, 2016)2 minutos de lectura

Personal Shopper (Olivier Assayas, 2016)
Personal Shopper (Olivier Assayas, 2016)

Los fantasmas existen. Al igual que Crimson Peak (Guillermo del Toro, 2015), esta es la idea con la que Personal Shopper (Olivier Assayas, 2016) comienza, con el personaje de Kristen Stewart esperando una señal de su hermano muerto desde el más allá. Maureen es una personal shopper, encargada de realizar elecciones y compras de vestuario según los gustos y necesidades de sus clientes. Su vida transcurre así entre su incapacidad para superar la muerte de su mellizo y una profesión en la que su único objetivo es satisfacer las necesidades de los demás. A partir de estas dos facetas se desarrolla una historia de terror con elementos sobrenaturales desde un realismo posmoderno que deriva de los sutil a lo más explícito, mientras mantiene siempre el misterio de la naturaleza de las presencias que capta su personaje central. Todo con una estructura que provoca cierta falta aparente de cohesión global en una producción que deconstruye los fundamentos de nuestra necesidad de comunicarnos y los impedimentos que encontramos tanto en el mundo actual como en nosotros mismos.

Assayas exhibe en la película todo tipo de formas de comunicación usadas entre los personajes, desde la escritura a los mensajes de texto, pasando por el Skype, los golpes o las llamadas telefónicas. Pero también la pintura, el mismo cine o la moda como formas de expresión igual de válidas. Ingredientes que configuran un relato gótico en el que se muestra la alienación del individuo en nuestra sociedad en oposición a la capacidad infinita de comunicación de la que disponemos. Una alienación que provoca que muchas de nuestras relaciones sociales se basen en interacciones virtuales, en la distancia, de forma asíncrona, mantenidas por canales de comunicación que podrían pertenecer a otra realidad sin darnos cuenta. Con la deducción implícita de que a partir de esa no presencia hacia los demás y viceversa uno mismo puede convertirse en un espectro, un individuo que parece no pertenecer a ninguna vida.

Personal Shopper (Olivier Assayas, 2016)
Personal Shopper (Olivier Assayas, 2016)

Cierto componente metanarrativo contagia además su propuesta, al realizar una clara analogía entre las avanzadas técnicas que usaban los espiritistas para tratar de comunicarse con el más allá, con los cambios que el mismo cine ha experimentado a través del tiempo incorporando nuevas tecnologías como recursos narrativos o visuales. Por ejemplo, la presencia clave durante largas secuencias de la pantalla de un teléfono móvil con mensajes que interactúan con la protagonistas o los videos de internet que visualiza para documentarse sobre su obsesión sobrenatural, que alcanzan en algunos momentos el mismo marco narrativo en el que están integrados, formando parte del metraje de la cinta. Una sugerencia de que quizá todos los espectadores son ya seres espectrales con los que para comunicarse es necesario utilizar innovadoras estrategias e imágenes que capturen su atención y con las que hacer llegar su propósito.


Por Ramón Rey

Crítico y periodista cinematográfico.