Paterson (Jim Jarmusch, 2016)2 minutos de lectura

Paterson (Jim Jarmusch, 2016)
Paterson (Jim Jarmusch, 2016)

Si el cine tiene una ventaja sobre otros medios artísticos es su capacidad para transmitir ideas difíciles de concretar plástica o narrativamente. Esta esencia lírica cinematográfica se ve reflejada en Paterson (Jim Jarmusch, 2016), un relato cotidiano de la vida de un conductor de autobús y poeta de la ciudad homónima del estado de Nueva Jersey con la que comparte nombre y que manifiesta sus inquietudes de forma genuina basándose en elementos comunes de su entorno y acontecimientos triviales de su día a día. Un contexto que se ve representado en el film con la proyección que el protagonista realiza de su particular perspectiva del mundo en todo lo que le rodea, concretando su peculiar punto de vista personal interior con lo externo a través del cuaderno de notas que utiliza para escribir sus poemas.

Paterson se despierta en la cama al lado de su esposa, Paterson desayuna y va al trabajo, Paterson escucha atentamente las conversaciones de los viajeros que transporta, vuelve a casa y de noche sale a pasear a su perro y a tomar cerveza en un bar cercano. Jarmusch plantea con esto una estructura básica que se repite a partir de los días de una semana, compartiendo los lugares, personas, situaciones y obsesiones del personaje de Adam Driver que construyen una ingeniosa base rítmica esquemática para el montaje y la narración, generando resonancias entre distintos diálogos y conflictos de la película a partir de los elementos comunes y las variables de cada secuencia. Se construye así una narrativa con sentido propio que evoluciona, conversa con si misma, se contradice y hasta subvierte las expectativas desde un tono cómico que explota la falta de propósito e insignificancia de la mayoría de nuestros actos mientras los reivindica por su verdadera naturaleza de materia fundamental para nuestro ser.

Paterson (Jim Jarmusch, 2016)
Paterson (Jim Jarmusch, 2016)

Todos los días son iguales pero diferentes. Paterson observa personas e interactúa con objetos, capturando ideas sencillas que forman parte rutinaria de lo intrascendente de su existencia, otorgándoles una importancia aparentemente desproporcionada. Esos detalles completamente irrelevantes que percibimos son los que nos definen profundamente y hacen en realidad de cada día uno novedoso respecto al anterior, en una infinita combinación de posibilidades con resultados imprevisibles e inesperados. Son esos instantes efímeros de felicidad, satisfacción y plenitud los que debemos atesorar con empeño al encarar cada nuevo amanecer, los que marcan nuestro paso por la tierra y permiten olvidar todo lo demás. Los que forman recuerdos a los que es imposible aferrarse eternamente, a riesgo de perder el enfoque del presente que proporciona de modo continuado nuevas vivencias, relaciones y cosas en las que fijarse y de las que extraer esa belleza única a la que somos sensibles de forma individual e irrepetible.


Por Ramón Rey

Crítico y periodista cinematográfico.