Orpheline (Arnaud des Pallières, 2016)2 minutos de lectura

Orpheline (Arnaud des Pallières, 2016)
Orpheline (Arnaud des Pallières, 2016)

Otra producción francesa ha acaparado hoy la atención como parte de las proyecciones en la Sección Oficial a concurso de la jornada, Orpheline (Arnaud des Pallières, 2016). En ella encontramos a Renée, una profesora de una pequeña escuela provinciana cuya vida se desmorona al reencontrarse con una antigua conocida recién salida de la cárcel. A través de diferentes miradas a varias épocas de su vida se realiza un viaje de introspección y una exploración de su identidad, mostrando las penurias, traumas, errores y abusos experimentados desde la niñez en una estructura temporal fragmentada y contada en orden cronológico inverso. Un proceso que se lleva a la práctica con varias actrices interpretando al mismo personaje según su edad, perfilando una especie de tratamiento multifacético en el que se asume no se puede comprender lo global a partir de cada una de sus partes por separado. Lo que es bastante discutible es si la obra integral ensambla realmente algo más que la suma de sus partes… o menos.

Desde luego, algo que juega a su favor es la solvencia de sus actrices adultas (Adèle Haenel, Adèle Exarchopoulos y Gemma Arterton) cuya participación hace presente una dignidad inusitada en un film que bajo su llamativa disposición dramática no esconde más que una retahíla de tópicos de sufrimiento y redención desde la marginalidad y la pobreza a las aspiraciones de alcanzar una vida plena integrada en la sociedad que tanto la ha maltratado. En esos segmentos, elaborados individualmente, podría residir un mayor interés con el tiempo suficiente para extender el contexto, las dinámicas entre los personajes y la transformación que experimenta la que es sujeto de estudio con cierta coherencia. Lamentablemente el mal entendido hermetismo al que se debe el director impide que puedan aportar más que una repetitiva sucesión de instantes de violencia, sexo o desorientación existencial que acaba transmitiendo al espectador con unas imágenes que buscan el realismo con entidad moral, pero se sienten más una recreación de innumerables otras que reflejo concreto propio de lo que pretende.

Orpheline (Arnaud des Pallières, 2016)
Orpheline (Arnaud des Pallières, 2016)

Nada parece justificar el aparatoso entramado narrativo con el que se desarrolla retroactivamente una trama que en realidad es completamente lineal, convencional y cuyo fin último se revela mediante baratos giros melodramáticos. Ni el juego de identidad poliédrica expresado a través de las varias encarnaciones del personaje central ni los flashbacks proporcionan cohesión al todo. Más bien lo dispersan, percibiendo un cada vez mayor distanciamiento según avanza el metraje. Los distintos segmentos actúan de forma tan autónoma y estanca que carecen de las mínimas piezas, símbolos o resonancias necesarias para enlazarse entre ellos hasta que busca explícitamente enunciarlo torpemente a su audiencia. Un juego de muñecas rusas cuyo aspecto externo no evoca nada lo suficientemente estimulante para seguir abriendo la siguiente.


Por Ramón Rey

Crítico y periodista cinematográfico.