Nocturama (Bertrand Bonello, 2016)2 minutos de lectura

Nocturama (Bertrand Bonello, 2016)
Nocturama (Bertrand Bonello, 2016)

Un grupo de jóvenes se desplaza por el subsuelo de Paris, moviéndose en metro, buscando estaciones concretas. Todos tienen un cometido y una agenda que deben ejecutar minuciosa y furtivamente en las calles y edificios de la ciudad, ocultos a plena vista. Es el día en que las víctimas del sistema responden a la violencia de sus estructuras. El día en que Nocturama (Bertrand Bonello, 2016) sigue los acontecimientos que provocan desde el punto de vista de los mismos “enemigos del Estado”. Porque no son terroristas si no buscan aterrorizar, sino realizar un gesto significativo demostrando que es posible rebelarse, responder contra los mismos que moldean y maltratan a la sociedad a su antojo por intereses de unos pocos. Las consecuencias de sus actos no se materializan hasta que no aparecen en emisiones de televisión. Entonces ya son reales, igual que las imágenes cinematográficas que Bonello fabrica a partir del temor a que en verdad la civilización –el orden– pueda colapsar cuando los primeros comiencen a querer destruir sus pilares de facto.

Los protagonistas, criados en este ambiente sin salida, son conscientes de su propia alienación. Este es el primer paso, imprescindible para acabar con la eterna actitud indolente ante las injusticias. Sin embargo, pasan por alto que –precisamente por no haber conocido nada más– el mejor refugio que pueden encontrar es la máxima expresión de todo aquello con lo que quieren acabar: un irónico extenso centro comercial de varias plantas. Como si se tratara de una película de zombis a lo Dawn of the Dead (George A. Romero, 1978), se encierran ensimismados reflexionando sobre su supervivencia e ignorando el estado real del mundo exterior. Quizá ignorando también que ellos son los verdaderos zombis de la historia, actuando por puro instinto, desprovistos de un ideario político que justifique sus actos o presente una alternativa a lo que rechazan aparentemente de manera absoluta.

Nocturama (Bertrand Bonello, 2016)
Nocturama (Bertrand Bonello, 2016)

Las imágenes que el director muestra son engendros dignos de las pesadillas de cualquier ciudadano de bien. Algo que empeora el hecho de que los ejecutores sean la progenie de una organización económica, política y social por la que deberían estar condicionados a perpetuar. Muy significativo resulta que el mayor grito del film lo suelte una de ellos al ver entrar a una pareja de personas sin techo a su temporal y problemático piso franco neoliberal. Repleto de detalles visuales, diálogos y símbolos subversivamente acusatorios, Nocturama desafía cualquier preconcepción de su discurso en su metraje y elabora una genuina enmienda a la totalidad. Una mirada inversa de la violenta realidad de la que no hay escapatoria, un reflejo fugaz que hace asomar la esencia de lo que está fuera de esos encuadres que la fragmentan e inunda finalmente la pantalla. El negativo sigue describiendo a fin de cuentas lo mismo que la fotografía obtenida de él.


Por Ramón Rey

Crítico y periodista cinematográfico.