Neun Leben hat die Katze (Ula Stöckl, 1968)2 minutos de lectura

Neun Leben hat die Katze (Ula Stöckl, 1968)
Neun Leben hat die Katze (Ula Stöckl, 1968)

Los festivales de cine sirven (o deberían hacerlo) para descubrir no sólo obras que contextualizan las corrientes actuales del cine fuera de los circuitos comerciales, sino también cintas de otras épocas que continúan vigentes tanto en discurso como expresión formal e importancia de su legado. The Cat Has Nine Lives (Ula Stöckl, 1968) –propuesta proyectada dentro de la selección Tour/Detour del SEFF– fue considerada por la cineasta y crítica de cine Christa Maerker como la primera película feminista de la República Federal de Alemania. Rodada en Techniscope, su reciente restauración a partir del negativo original ha permitido crear una nueva versión digital que recupera su especial y llamativo uso del color. Estamos en el final de la década de los años sesenta. La revolución sexual y los movimientos de liberación de la mujer se solapan con las efervescentes protestas en las calles de ciudades de medio mundo contra la guerra, la proliferación nuclear o reivindicando derechos civiles. El reencuentro de dos amigas en la estación de tren de Munich da pie al retrato de estilo impresionista de su amistad. Un hilo conductor que enlaza la mirada de su directora hacia cinco mujeres de la época. Mujeres que pueden tener una carrera profesional, estar solteras, divorciarse o ser infieles a su marido. Todas ellas buscando un sitio propio en el mundo. Un sitio que primero deben saber que existe para poder desearlo y reclamarlo legítimamente.

Neun Leben hat die Katze (Ula Stöckl, 1968)
Neun Leben hat die Katze (Ula Stöckl, 1968)

Este es el gran dilema de la mujer a través de la historia y que está presente en el largometraje de Ula Stöckl a partir de una serie de diálogos y situaciones que exploran el lugar de la mujer en una sociedad dominada por el hombre; que cuestiona las dinámicas de poder en el aspecto profesional, personal y amoroso que se desarrollan entre ambos géneros, siempre desde una misma dirección de privilegio y exigencia predefinido por el masculino. Con formas narrativas reconocibles influidas claramente por la nouvelle vague francesa, una cámara libre moldea una narración que salta de una situación a otra jugando con las elipsis, la fragmentación del relato y el constante diálogo interno entre sus imágenes. Los conceptos y valores de matrimonio, el compromiso, la monogamia y las normas sociales hipócritamente desiguales se desafían explícitamente. Un desafío a lo contradictorio y opresivo de esa constante dualidad que se exige a las mujeres por el hecho de serlo en cualquiera de sus facetas, incluso las imaginarias. Esta película de intenciones y naturaleza revolucionaria construye su manifiesto a partir de la idea de reconocer la conciencia individual como catalizador de la búsqueda de una libertad auténtica para todas, pero aceptando la singularidad de cada una.


Por Ramón Rey

Crítico y periodista cinematográfico.