Mon roi (Maïwenn, 2015)4 minutos de lectura

Mon roi (Maïwenn, 2015)
Mon roi (Maïwenn, 2015)

Si el ser humano está repleto de contradicciones, las relaciones amorosas son probablemente el aspecto que mejor las saca a relucir. Maïwenn plantea así de forma deliberada su personal deconstrucción de ellas a partir del seguimiento de la evolución completa de la historia de amor de los dos protagonistas de Mon roi (2015). Una historia contada principalmente mediante flashbacks que unen los recuerdos durante la estancia de la protagonista Tony, interpretada por Emmanuelle Bercot, en un centro de rehabilitación física. Su lesión en la rodilla en un accidente de esquí funciona a modo de expresión somática de su viaje interior. El irreflexivo impulso inicial de arriesgarse y dejarse llevar por una nueva experiencia acaba teniendo consecuencias trágicas con un gran dolor y secuelas de las que tarda meses en reponerse, configurando un tortuoso camino en el que debe aprender de nuevo a caminar por sí misma en la vida.

La estructura de Mon roi consta de dos partes diferenciadas por un cambio de tono necesario para la ejecución de la ambiciosa idea subyacente al film de recrear los claroscuros y las complejas implicaciones emocionales que supone las relaciones interpersonales cuanto más íntimas llegan a ser. De esta manera avanza desde una aparente comedia romántica, explotando la química de sus protagonistas y un inspirado sentido del humor en sus diálogos y situaciones, para luego pasar a una fase progresivamente más trágica y turbulenta en la medida en que se va revelando el reverso oscuro de Georgio (Vincent Cassel), cuyo carisma no deja ver de principio la verdadera naturaleza de su opresivo comportamiento. Una mezcla de elementos de géneros antagónicos que puede llegar a frustrar fácilmente las expectativas a cualquiera que se acerque a la obra, pero que se deriva del propio planteamiento de su narración.

Mon roi (Maïwenn, 2015)
Mon roi (Maïwenn, 2015)

A Maïwenn no le interesa tanto representar el choque de caracteres entre los miembros de la pareja, sino más bien usarlo como generador de los conflictos emergentes en su confección de un estudio de las discordancias sentimentales entre los deseos y las necesidades de cada individuo en contraste con los del otro. Mientras Georgio elude el enfrentamiento y prefiere aferrarse al sexo, la juerga, su hijo y en general los momentos agradables y situaciones fáciles, no duda en correr en cualquier ocasión a prestar ayuda y apoyo a su ex, una antigua modelo con problemas psicológicos que no acepta que su idilio haya terminado. Tony, sin embargo, se empeña en luchar dolorosamente en todo momento por la continuidad de su matrimonio, convencida de que su deber es hacer todo lo posible para que no fracase ahora que por fin ha logrado crear una familia. Aceptar el fracaso amoroso sería también asumirlo como uno personal, además de tener que reconocerlo vergonzosamente en su entorno familiar y públicamente a la sociedad, un lastre que parece insalvable para una mujer de su edad aun en la actualidad.

En un momento determinado de la película Georgio señala una paradójica realidad: los mismos rasgos de su personalidad que atrajeron a Tony en un primer momento son los que después provocan el rechazo en ella. Buscan cosas completamente distintas en el otro, en la convivencia, en su proyecto vital conjunto. Mientras que para ella la relación requiere esfuerzo, para él no debe tenerlo. Su egoísmo, falta de consideración, la incapacidad de disfrutar de la vida si no es a través de aditivos como el alcohol o las drogas y la compañía de mucha gente contrasta con la preocupación constante justificada de ella en cualquier contexto y de un círculo social reducido. Tony se toma muy en serio su carrera profesional y alcanzar el éxito por el que tiene que esforzarse en todo momento. Su capacidad para soportar una situación decadente y abusiva se le vuelve en contra. A pesar de todo, ella se siente atraída irracionalmente hacia él. Una irracionalidad que siempre presente en pequeñas y grandes decisiones, aunque estén envueltas en la lógica de la cotidianidad.

Mon roi (Maïwenn, 2015)
Mon roi (Maïwenn, 2015)

Las intenciones de mostrar desde una perspectiva total nuestra sorprendente capacidad para sufrir por amor alejándose de términos simplistas también supone la mayor debilidad de una cinta que pasea de puntillas por situaciones cuyo potencial se deja de lado para intensificar el efecto de las más llamativas, que son el centro absoluto del relato. Su estructura y el montaje dejan claro que no pretende radiografiar con sutileza el día a día de la pareja, sino llevarnos por un frenético recorrido que en ocasiones se percibe forzado. Desequilibrio que compensa sobradamente la rotunda visceralidad de los dos intérpretes principales de la película, que convierten en verdad cada secuencia con su construcción de los personajes siempre que comparten plano.


Por Ramón Rey

Crítico y periodista cinematográfico.