Lady Macbeth (William Oldroyd, 2016)2 minutos de lectura

Lady Macbeth (William Oldroyd, 2016)
Lady Macbeth (William Oldroyd, 2016)

El cuarto día de Sección Oficial del Festival de San Sebastián abrió con Lady Macbeth (William Oldroyd, 2016), una cinta basada en una novela de Nikolai Leskov que arranca con el matrimonio concertado de la joven Katherine con un adinerado terrateniente de la campiña inglesa en el último tercio del siglo XIX. Lo que ya en principio es una situación incómoda se intensifica por las opresivas condiciones de vida del lugar a las que le obliga cumplir su marido, el desprecio físico y el maltrato general. Partiendo de un retrato costumbrista y la resistencia de la efervescente protagonista a ser esclava de la situación, el relato convierte el ejercicio de su libertad sexual en el catalizador de una reacción en cadena que lo eleva a niveles de tragedia shakesperiana. Una visión hipercrítica realizada desde nuestros días pero atendiendo a las normas de un contexto histórico y social establecido con los mínimos elementos.

Tradiciones y rituales diseñados para mantener siempre a los mismos con la capacidad de decisión y la propiedad de otras personas se confrontan aquí con los deseos y las necesidades de una mujer que rechaza pertenecer a su esposo por el simple hecho de serlo. Y aunque en un principio parezca que la deriva romántica y una cámara en mano con el uso de elipsis –evocadores de Andrea Arnold– es inevitable, pronto sorprende esas expectativas y elabora estilísticamente su propia definición de los espacios que aprisionan a sus residentes. La voluntad de Katherine pasa de ser tímida a descarada y transforma la dinámica de los habitantes de su casa –sirvientes y trabajadores a sus órdenes– cuando el señor de la misma se ausenta. Ese bastión de libertad es una aberración de todo lo que conocen y mientras unos pueden colaboran en hacer que prevalezca, otros no dudarán en traicionarlo.

Lady Macbeth (William Oldroyd, 2016)
Lady Macbeth (William Oldroyd, 2016)

Dramaturgia y literatura convergen en este film, cuyo director tiene amplia experiencia en el teatro. Algo que parece ayudarle –sorprendentemente– a extraer los fundamentos de la fuente y trasladarlos visualmente a través del guión de Alice Birch con una mirada puramente cinematográfica y una noción de la imagen descriptiva y narradora mucho más refinada de lo que podría esperarse. La intención naturalista de la cámara y la escueta puesta en escena aportan una distancia emocional clave para entender la evolución extrema del personaje de Florence Pugh, cuyo aspecto moral transita multitud de grises en su viaje discursivo tan expresivo como frustrante –o catártico– según el momento. Un discurso que enfrenta sin reparos la idea de la liberación de la mujer con el empoderamiento dentro del mismo sistema que las subyuga. Los seres humanos –tan contradictorios– somos capaces de sacrificar todo por la supervivencia, incluyendo a nosotros mismos.


Por Ramón Rey

Crítico y periodista cinematográfico.