La reconquista (Jonás Trueba, 2016)2 minutos de lectura

La reconquista (Jonás Trueba, 2016)
La reconquista (Jonás Trueba, 2016)

En el séptimo día del Festival de San Sebastián la Sección Oficial proporcionó dos de los mejores títulos a concurso. Primero La reconquista (Jonás Trueba, 2016) con su anacrónico sentido del amor romántico, su concepto global parece heredero de una secuencia clave en la anterior película de su director (Los exiliados románticos, 2015) que involucraba una declaración de amor y una carta. Una pareja de antiguos novios de instituto se reúne de nuevo tras quince años sin verse. En el transcurso de las horas y las conversaciones se reencontrarán también con sus propias aspiraciones y concepciones del mundo del pasado. Sus identidades perdidas resurgen mientras exploran quienes eran y quienes son ahora, con la presencia de la música como interlocutor espontáneo, recitando en canciones los sentimientos que pueden ocultar tras lo vivido desde entonces. Todo con las luces de una noche de Navidad y de los locales que visitan iluminando las calles y sus rostros en un auténtico viaje emocional en el tiempo de una relación inconclusa.

Jonás Trueba propone en su nuevo film algo así como el sueño de una noche de invierno. Un sueño con la posibilidad de encararnos a nosotros mismos y ser conscientes de lo desconocido y lo ya sabido, de cómo en ese proceso de experiencias vitales hay muchas cosas que cambian pero otras además permanecen exactamente idénticas. La realidad imaginaria de unos adolescentes enfrentada a la ensoñación real de unos adultos con muchas ilusiones frustradas. La cámara –como es habitual en su asuido estilo siempre en evolución– desliza su mirada mientras observa las reacciones y es testigo de las charlas más o menos intrascendentes de Manuela y Olmo, con la misma incertidumbre con la que ellos esperan en cada silencio algo que no saben expresar con palabras.

La reconquista (Jonás Trueba, 2016)
La reconquista (Jonás Trueba, 2016)

La identidad construida con el tiempo se muestra como el refugio de todas esas aspiraciones truncadas, una pose tras la que los sentimientos y los fracasos se pueden esconder. Igual que buscamos en el amor la huida de lo que nos rodea que nos salve de una existencia mediocre, –relativa o absoluta– por simple inferioridad entre lo que nunca se obtiene aunque se busque y lo que se encuentra por el camino. Entre toda esa indagación introspectiva en el pasado y en el presente, el uso de un flashback elíptico mientras uno de sus personajes duerme es un resumen con precisión de lo que Trueba pretende transmitir con sus personajes autoconscientes –algo pedantes, por supuesto–, referencias culturales y humor en los momentos probablemente más inesperados: una reivindicación de la insatisfacción como signo de alerta. Un ruido de alarma para despertar y tomar una decisión ante una oportunidad de no traicionarse a uno mismo y rechazar el conformismo.


Por Ramón Rey

Crítico y periodista cinematográfico.