La fille de Brest (Emmanuelle Bercot, 2016)2 minutos de lectura

La fille de Brest (Emmanuelle Bercot, 2016)
La fille de Brest (Emmanuelle Bercot, 2016)

El primer día en la 64ª edición del Festival de San Sebastián comenzó con la película inaugural La fille de Brest (Emmanuelle Bercot, 2016). Se basa en el libro de la doctora francesa Irène Frachon que destapó el escándalo del medicamento Mediator en Francia y muestra como la especialista en el aparato respiratorio conecta casos de muertes sospechosas con la administración de un remedio ampliamente utilizado para tratar diabéticos y bajar de peso, embarcándose en una cruzada personal para denunciarlo públicamente. El personaje lo interpreta Sidse Babett Knudsen (The Duke of Burgundy, Peter Strickland, 2014) con una exagerada energía que no sólo comparte el resto de elementos del film sino que además se refuerza constantemente con el uso de la música y el montaje. Bercot no es sutil y procura que toda acción, diálogo y decisión de la mujer en el centro de la narración sea radicalmente importante. Esta dimensión supedita el tratamiento dramático de todas las secuencias a una intensidad que contrasta con la aparente rigurosidad periodística e incluso científica con la que quiere establecer cada suceso, además de la relación con el resto de personajes.

A pesar de estos desequilibrios, la simple pero precisa planificación en cada escena –destacando brevemente con la cámara detalles cotidianos e intrascendentes como gestos o expresiones–, pequeñas aportaciones de humor espontáneo y el núcleo emocional que añade la familia de Irène sirven para compensarlos y evitar que el conjunto resulte irritante. De hecho, llega a ser muy refrescante la agilidad con la que avanza a golpe de elipsis, montajes musicales y aprovechando elementos visuales y sonoros presentes como puntos de apoyo para aumentar el ritmo y la fluidez de lo que ocurre en determinados momentos en pantalla y el paso del tiempo, dando suficiente información con ellos para no tener la necesidad de pararse a explicar nada más que lo imprescindible (por mucho que se empeñe en colocar las fechas de forma explícita como parte de su compromiso con el material de naturaleza histórica del que emana).

La fille de Brest (Emmanuelle Bercot, 2016)
La fille de Brest (Emmanuelle Bercot, 2016)

El discurso detrás de la obra no esconde su carácter adoctrinante –panfletario– y queda de manifiesto desde el principio: la fiscalización de los procedimientos de las farmacéuticas, que ponen siempre por encima de cualquier otra consideración sus intereses privados, debe ser algo prioritario para el bien común. Pero no únicamente para las instituciones, sino también para cualquier miembro de la comunidad médica como consecuencia intrínseca de su profesión y juramento inherente. Estas intenciones, personificadas en su protagonista, parecen convertirse sin embargo en ocasiones en una quimera de naturaleza narcisista, que irónicamente resalta de forma autoconsciente ella misma. Una lucha individual que tiene éxito siempre y cuando el ego sea lo suficientemente grande como para no aceptar la derrota. Esta fricción interna parece el peaje a pagar por la transfiguración que como relato basado en hechos reales sufre en su proceso espectacularizante, confundiendo a veces responsabilidad personal con ego.


Por Ramón Rey

Crítico y periodista cinematográfico.