Júlia ist (Elena Martín, 2017)3 minutos de lectura

Júlia ist (Elena Martín, 2017)
Júlia ist (Elena Martín, 2017)

Podemos intentar engañarnos, pero la verdad siempre sale a la luz tarde o temprano: somos inseguros y confundimos la realidad con las expectativas que generamos hacia ella desde que somos conscientes de nuestra existencia prácticamente. Así asoma la frustración durante nuestra vida, en el proceso de aprender que aquello que buscamos en otros, en los estudios, en viajes o en trabajos –y no encontramos–, sólo lo podemos hallar en nosotros mismos. En Júlia ist (Elena Martín, 2017) su protagonista emprende un intercambio de Erasmus en Berlín, uno en el que se encuentra con que nada tiene que ver lo que pensaba que sería aquello con lo que en realidad es. La relación con su novio a distancia no funciona, no se adapta al diferente modo de enseñanza en un país extranjero, le cuesta interactuar con compañeras de piso y de universidad… Júlia está perdida, pero porque tampoco sabe muy bien qué pretende conseguir con la oportunidad de dejar lejos a su familia, amigos y pareja durante todo un curso académico.

La barrera cultural entre la protagonista y quienes la rodean no se delimita únicamente a un idioma que controla lo necesario para comunicarse con la suficiente soltura. Ese es otro de los ejes de una película en la que la arquitectura sirve para señalar una de las grandes diferencias entre España y Alemania, uno en el que la familia y la socialización son su núcleo y otra en el que el individuo toma pronto el mando de su vida, planificando para su futuro y no el de los demás. El proceso de shock y de adaptación a su nueva situación guía al espectador en las casi anecdóticas peripecias de Júlia, encontrando su lugar entre un nuevo grupo de personas, asumiendo su valía para los demás, proyectando sus deseos en nuevos intereses románticos. Pero Júlia sigue siendo la misma y su desorientación, su desconocimiento de lo que realmente quiere del mundo, está invariablemente presente a pesar de acomodarse y disfrutar de su nueva situación eventualmente.

Júlia ist (Elena Martín, 2017)
Júlia ist (Elena Martín, 2017)

Elena Martín captura de forma soberbia los ambientes que retrata. La noche berlinesa, los oscuros y ensordecedores locales de fiesta iluminados por colores imposibles, los sucios y desordenados interiores de los pisos de estudiantes, lo aséptico y luminoso de las clases. Con una combinación de planos fijos y de cámara en mano logra alternar entre una autenticidad de naturaleza documental en sus imágenes con lo onírico e irreal de los momentos que se crean por detalles mínimos en la vida de su personaje central. Siempre sin dejar de utilizar a Júlia y su rostro como centro de expresión y reflexivo del relato. Sus dudas, su incertidumbre, sus errores, sus momentos de felicidad y de dolor corresponden a los que podría experimentar cualquiera en una edad o circunstancias parecidas. Circunstancias internas, que tienen que ver con su falta de rumbo y experiencia. A diferencia de otras propuestas que se aproximan a situaciones similares como la de L’auberge espagnole (Cédric Klapisch, 2002), en Júlia ist no se trata de romantizar o explotar las posibilidades cómicas del choque de culturas o la riqueza del intercambio per se, sino de mostrar una desubicación inherente y una constante transformación que se diluye en la alienación de alguien que no siente pertenecer a ningún lugar. De toda una generación.


Por Ramón Rey

Crítico y periodista cinematográfico.