Jamais contente (Émilie Deleuze, 2016)3 minutos de lectura

Jamais contente (Émilie Deleuze, 2016)
Jamais contente (Émilie Deleuze, 2016)

Para terminar las crónicas de lo más destacable de las pasadas jornadas en la ya concluida 13ª edición del Festival de Cine Europeo de Sevilla, dentro de la selección European Film Academy —que recoge las películas prenominadas a los premios europeos de cine— se proyectaba la ganadora de una mención especial en la sección Generation Kplus de la última Berlinale, Miss Impossible (Émilie Deleuze, 2016). Aurore es una adolescente en una edad complicada: repite curso en el instituto, tiene una relación conflictiva con su familia y particularmente con su madre, no acaba de entender el interés de todo el mundo por el amor y su manera de interactuar por defecto con los demás rebosa descaro y sarcasmo. En todos esos frentes de la película se pone a prueba su capacidad para sobrevivir en los estudios, conciliar la lealtad hacia sus amigos con sus intereses personales y encontrarse a sí misma y un lugar en el mundo en el proceso.

Deleuze utiliza una mirada tierna desde una distancia narrativa que le permite tratar con comprensión a la protagonista de la historia sin perder de vista las difíciles barreras comunicativas existentes entre los adultos y quienes se encuentran en la frontera de al menos asumir los roles que se presuponen al ser uno de ellos. El personaje interpretado por la efervescente y divertida Léna Magnien, lejos de ser una inadaptada, siente esa desorientación universal que todos experimentamos a su edad en la que cada responsabilidad carece de sentido y se asume que a nuestro alrededor el resto sí sabe lo que hace y ha encontrado su camino. A través de su relación con un nuevo profesor de francés canaliza su imaginativa rebeldía aplicándola a los estudios mientras el ser integrante de un grupo musical le obliga a trabajar en equipo y asumir sus propias limitaciones, pero también le deja vislumbrar la verdadera dimensión de su valor para los demás y de la intrínseca necesidad de colaborar a todos los niveles —familia, amistades, estudios— para sacar lo mejor de uno mismo y de sus experiencias.

Jamais contente (Émilie Deleuze, 2016)
Jamais contente (Émilie Deleuze, 2016)

El tono ligero y el contexto juvenil, así como esa autenticidad en la búsqueda de referencias sociales y una posición cómoda en el universo particular de Aurore inspiran en Miss Impossible cierta conexión reminiscente de Le nouveau (Rudi Rosenberg, 2015), quizá con aspiraciones evidentes más dramáticas y adultas, abarcando más ampliamente todos los aspectos de la vida de su protagonista. Sin embargo, esa universalidad de la idea de asumir las peculiaridades de cada uno como algo valioso, tanto como la lealtad y el entendimiento hacia los más cercanos, sí que queda igual de presente en ambas. Además, a pesar de lo mucho que destacan las líneas de diálogo cargadas por momentos de un inesperado humor negro y la ironía que desprende el film en su panorámica generacional desde lo concreto de su personaje central, su calado emocional no es ni mucho menos intrascendente. Algo que manifiesta su intenso final, que expresa narrativa y visualmente el cierre a esa etapa temprana en la definición de la identidad. Una etapa en la que encontrar tu propia voz es tan importante como dejar que te ayuden a que se escuche más y mejor.


Por Ramón Rey

Crítico y periodista cinematográfico.