Hjartasteinn (Guðmundur Arnar Guðmundsson, 2016)2 minutos de lectura

Hjartasteinn (Guðmundur Arnar Guðmundsson, 2016)
Hjartasteinn (Guðmundur Arnar Guðmundsson, 2016)

Dentro de la Sección Oficial, que pretende recoger lo mejor del cine europeo del año, se encontraba Heartstone (Guðmundur Arnar Guðmundsson, 2016), un film ambientado en la Islandia rural que sigue a dos amigos adolescentes —Thor y Christan— cuando apenas están comenzando a explorar su sexualidad. El fuerte lazo que les une, sus problemas familiares, su relación con las chicas… todo podría pasar por un entramado dramático obvio dentro de los típicos relatos de paso a la adultez. Sin embargo, llama la atención cómo a partir de los dilemas y problemas de un joven estándar como Thor se presenta en contraposición los de su amigo Christian mientras empieza a ser conscientes de sus sentimientos hacia él, que chocan frontalmente con un entorno hostil hacia cualquiera que se aparte de la norma. El concepto de una tóxica masculinidad tradicional y la falta de tolerancia se muestran como elementos de opresión para distintos miembros de una comunidad poco tolerante hacia lo diferente.

Desde la madre separada que es mal vista por sus propios hijos si intenta entablar nuevas relaciones hasta el chico que se ve obligado a reprimir cualquier tipo de expresión de afecto o intimidad física con otro para no ser estigmatizado. Es en pequeños detalles cotidianos y en un ambiente familiar poco propicio para que se pueda aceptar a si mismo donde Christian debe cumplir con los protocolos y las tradiciones sociales y negar su propia identidad. Un personaje que se revela poco a poco como el auténtico protagonista de la cinta desde su posición secundaria y que sirve como reflejo de su amigo, en una audaz decisión narrativa que permite expresar con aparente sencillez las complejidades de un despertar sexual que no cumple con las expectativas impuestas, propias o ajenas. Todo filmado con una desgarradora elocuencia, pero también desde una tremenda humanidad que traza un microuniverso de autenticidad incuestionable a partir del uso de la cámara en mano y planos subjetivos que ayudan a una profunda inmersión en la psicología y la dinámica de estos jóvenes perdidos en un inmenso paisaje natural.

Hjartasteinn (Guðmundur Arnar Guðmundsson, 2016)
Hjartasteinn (Guðmundur Arnar Guðmundsson, 2016)

Resulta imposible no conectar esta presencia y represión de la masculinidad tradicional como fuerza destructiva y subyugante con la que aparece en Sparrows (Rúnar Rúnarsson, 2015), aunque aquí juega un papel diferente y amplia su alcance hacia un discurso más integrador. A nivel formal se distancia además mucho de ella, cobrando más importancia la realidad de los cuerpos de los adolescentes y como interactúan tanto con lo que les rodea como entre ellos en una búsqueda sistemática de ese grado de intimidad necesario en la puesta en escena para entender los procesos que experimentan incluso cuando se encuentran en soledad. Quizá lo único que se le pueda achacar a Heartstone es su configuración final como relato de objetivo extremadamente didáctico, tanto en la evolución de sus personajes como en su deriva argumental, en la que se detecta más que una falta de compromiso una excesiva indulgencia hacia ellos.


Por Ramón Rey

Crítico y periodista cinematográfico.