George A. Romero: el legado de los muertos vivientes16 minutos de lectura

George A. Romero en el rodaje de Diary of the Dead (2007)
George A. Romero en el rodaje de Diary of the Dead (2007)

Pocos autores son capaces de marcar un género y menos aún los que pueden definirlo con una sola película. Pero eso es exactamente lo que hizo George A. Romero hace casi cincuenta años con el que sería su primer largometraje como director, Night of the Living Dead (1968). Una sencilla producción de bajo presupuesto pero muy exitosa en taquilla que marcó el comienzo del fenómeno de los zombis como unas de las criaturas más populares en el cine de terror y el audiovisual en general, influyendo a varias generaciones de cineastas y apareciendo en cientos de películas, además de multitud de videojuegos y series de televisión, dando pie a innumerables parodias, homenajes y varios remakes. Todo esto a pesar del recelo inicial que provocó respecto a su contenido y las consecuencias que pudiera provocar en los espectadores en una época en Estados Unidos en que la moderna calificación moral de las películas se empezaba a establecer sustituyendo al obsoleto código Hays.

Desde entonces, seis son las ocasiones en las que el padrino de los muertos vivientes se ha reencontrado con ellos. En cada entrega sigue a un grupo de personas diferente mientras intentan sobrevivir y las historias están ambientadas en la época en que se ruedan, creando una continuidad basada estrictamente en el desarrollo de la plaga zombi según va afectando de forma más profunda a lo que queda de la civilización. Esto hace que la mitología se vaya enriqueciendo paulatinamente según se añaden y exploran nuevos aspectos a los muertos vivientes, como el desarrollo de cierta inteligencia, recuerdos de comportamiento social, capacidad para utilizar herramientas o posibles nuevas formas de alimentarse. En el lado de los humanos vivos la progresión del desmoronamiento de la sociedad, la búsqueda de un lugar seguro y los intentos de mantener cierta conexión con lo que nos permite mantener razones para seguir viviendo son a grandes rasgos el marco en el que se integra la narración en cada una de ellas.

La verdadera fuerza (y también la genialidad) de los films de Romero reside en su capacidad para introducir elementos de sátira social en ellos respecto a temas de gran relevancia con una mirada ácida y certera, que los convierten en reflejo del tiempo en que fueron hechos pero también les permite trascender como piezas alegóricas atemporales. Esto mezclado con un cuidadoso tratamiento de personajes y de las dinámicas que se generan entre ellos, grandes dosis de humor negro y las suficientes de gore, hacen que cada una de las cintas no sólo aporten algo nuevo al género sino que además conservan un valor intrínseco como historias al margen del mismo. Los zombis de Romero no son una simple excusa para intentar asustar a los espectadores o provocarles asco, sino un recurso narrativo cimentado en las bases del fantástico que ayuda a construir metáforas reflejando la realidad a partir de historias que siempre mantienen el suficiente interés.

La trilogía de los muertos vivientes (1968-1985)

Night of the Living Dead (George A. Romero, 1968)
Night of the Living Dead (George A. Romero, 1968)

Junto con sus amigos John Russo (coguionista) y Russell Streiner (productor), con los que fundó una productora dedicada a realizar anuncios publicitarios para televisión y películas promocionales para cine durante los años sesenta, George A. Romero se embarcó en el proyecto de crear una película de terror que tomaría inspiración directa de una las grandes obras literarias de ciencia ficción del siglo XX, publicada en 1954: Soy leyenda de Richard Matheson. Night of the Living Dead (1968) contaba cómo un grupo de extraños acababa refugiándose en una casa del entorno rural del estado de Pennsylvania en el comienzo de un terrible suceso que implicaba la reanimación de los muertos y su inusitado interés por comerse a los vivos a mordiscos. Un simple planteamiento en el que las personalidades de distintos individuos de diferentes orígenes y clases sociales demostraban las diferentes formas de afrontar el peligro.

Los zombis representan aquí de forma muy evidente a la amenaza comunista, un temor interiorizado por la sociedad estadounidense durante décadas gracias a la instrumentalización de su gobierno para mantener unido al país contra un enemigo común. Una estrategia que desarrolló en connivencia con los medios de comunicación de masas y cuyos mensajes encuentran en aquel momento en la televisión un aliado de poder ilimitado. El primer instinto de los personajes de la película es refugiarse en una casa, el hogar idealizado de la clase media. Los mensajes institucionales refuerzan la idea de que ese es el lugar más seguro para evitar el ataque de los muertos que están caminando de nuevo. La realidad es que da igual dónde se escondan, los zombis no descansan y encuentran la forma de infiltrarse y atacar. Se trata de un enemigo que tiene el rostro de cualquier persona corriente: de un miembro de la comunidad, de un hermano, amigo o hijo y que pueden convertirse en un serio peligro si no se vigilan sus movimientos y se actúa para eliminarlo a tiempo.

Por otra parte es muy interesante el reflejo de la tensión racial de la época con el personaje de Ben (Duane Jones), un afroamericano que toma el liderazgo y el control de la casa, que diseña una estrategia para protegerse en ella y organiza a los integrantes del grupo que se ha formado. Él intenta plantar cara y pensar en el bien común, mientras Harry (Karl Hardman) demuestra únicamente cobardía y falta de humanidad, pensando únicamente en su propio bien, evitando arriesgarse para ayudar tomar la iniciativa si no es por obligación. Mucho más que irónico resulta el emblemático final de una producción cuyo pesimismo respecto a la naturaleza humana resulta definitorio. Una resolución con las autoridades eliminando al único superviviente al no manifestar el más mínimo cuidado en su labor de acabar con la verdadera amenaza.

Dawn of the Dead (George A. Romero, 1978)
Dawn of the Dead (George A. Romero, 1978)

En Dawn of the Dead (1978) la colaboración con Dario Argento para sacar adelante el proyecto tuvo como resultado una influencia obvia del director italiano sobre el resultado final en elementos tales como el tratamiento del color de su fotografía o la presencia tan característica de Goblin en su banda sonora. Ahora el supuesto control que las autoridades afirman tener de la situación resulta ser deliberadamente engañoso. Las televisiones emiten referencias erróneas de refugios y el consejo de encerrarse en casa pasa ahora a ser la de evitar salvaguardarse en lugares cerrados por muy seguros que parezcan. En esa situación, otro grupo de personajes acaba huyendo en helicóptero de la ciudad de Philadelphia y terminan en una gran superficie comercial donde pueden establecerse y obtener los recursos que necesitan para sobrevivir, ocultos del resto del mundo. De nuevo vuelven a enfrentarse formas diferentes de superar la tragedia. Por un lado los protagonistas se aferran a las costumbres cotidianas y las recrean de forma sistemática con todo lo que tienen a su alcance. Por otra parte grupos organizados de saqueadores han decidido vivir al margen de las normas y su único objetivo es la supervivencia a cualquier precio, lo que tiene consecuencias terribles.

Mientras que en la primera los muertos vivientes en sí mismos configuraban la metáfora narrativa central del relato, en esta ayudan a construir con la poca sutileza habitual de Romero pero mucha efectividad una contundente crítica al consumismo en el que está inmersa la sociedad moderna. No es casualidad por tanto que la acción se desarrolle principalmente en un inmenso centro comercial, el máximo representante de los nuevos hábitos de ocio y consumo de la familia típica norteamericana. Un lugar autosuficiente con cualquier clase de producto y respuesta a las necesidades que uno pueda imaginar y que permite a los protagonistas llegar hasta el exceso en las formas de la civilización que han tenido que abandonar, todavía con la esperanza de que haya una posibilidad de regreso y que no todo esté perdido.

Los medios de comunicación siempre se han presentado en la saga como un elemento fundamental para sostener la ilusión de una sociedad. Mientras que en la primera entrega los personajes esperaban instrucciones del gobierno y las instituciones a través de la radio y la televisión, en la segunda se ve reflejada la imposibilidad de mantener al público informado y cómo la televisión acaba siendo más un mero entretenimiento cuando ocurre un desastre que un canal de información útil. Su función es la de mantener una falsa sensación de seguridad en la audiencia aunque sea dando datos erróneos o desactualizados. Pero es incluso peor. En el momento en que no existe una forma de comunicación global, la sociedad y la sensación de pertenencia a ella desaparecen como tal. Esto se muestra específicamente en la película cuando, durante una cena, hay una situación de gran tensión entre los que quieren mantener encendido el aparato de televisión aunque no se reciba ningún tipo de señal y los que quieren apagarla porque lo dan todo por perdido.

Day of the Dead (George A. Romero, 1985)
Day of the Dead (George A. Romero, 1985)

Siguiendo con el desarrollo de la destrucción de la civilización a nivel global, en Day of the Dead (1985) directamente se ve cómo los supervivientes de una base militar encargados de buscar una solución a la invasión zombi están completamente solos al no poder contactar con otros supervivientes en ningún núcleo de población cercano. Rodeados por muertos vivientes, los científicos encargados de llevar a cabo la investigación son capaces de traspasar cualquier límite ético en la experimentación con seres humanos que ya no pueden considerarse como tales. Mientras tanto, el ejército se muestra dispuesto a ayudar mientras vean que las órdenes que recibieron para hacerlo tienen sentido práctico y resultados palpables. Un conflicto entre el deber y la necesidad de dotar sentido a los propios actos, que afecta a las relaciones personales y se ve intensificado por los problemas psicológicos que experimentan todos.

Es algo muy reseñable la evolución que tiene el papel de la mujer en cada cinta de la por aquel momento trilogía. Pasan de un rol pasivo como víctimas, seres extremadamente irracionales incapaces de reaccionar y al servicio de los hombres en Night of the Living Dead, a una protagonista femenina que no quiere que se la defina por su maternidad y que es presentada ante todo como una profesional del periodismo en el comienzo de Dawn of the Dead. En ella Francine (Gaylen Ross) es una mujer que reivindica su lugar y exige que se la tenga en cuenta al tomar cualquier decisión como miembro del grupo, exigiendo que se la instruya en el uso de las armas y del helicóptero para resultar útil y autosuficiente. Finalmente, en Day of the Dead la protagonista absoluta es un personaje femenino, una científica que en un mundo de hombres demuestra estar al mismo nivel o superior en cuanto a inteligencia y capacidades desde el primer momento. Algo que parece potenciarse no sólo por su mayor protagonismo, sino también por el significativo detalle de empezar y terminar con un plano de ellas en ambas.

Actualizando los muertos vivientes (2005-2009)

Land of the Dead (George A. Romero, 2005)
Land of the Dead (George A. Romero, 2005)

Veinte años después de la anterior entrega, Romero llevó su franquicia a los mayores niveles de producción nunca antes vistos al colaborar con uno de los grandes estudios de Hollywood para llevar a cabo la última entrega cronológicamente hablando de su historia del apocalipsis zombi con claras influencias de las cintas de John Carpenter como Escape from New York (1981) y Escape from L.A. (1996). Con Universal estrenó Land of the Dead (2005), pasando el trasfondo mitológico a un momento en el que de forma espontánea ya se erigen salvadores, a modo de señores feudales que crean sus propias microsociedades con sus normas para todos aquellos que quieran vivir a salvo bajo su protección. En este caso se ambienta en Pittsburgh, ciudad en la que uno de estos nuevos gobernantes tiene su fortaleza de lujo en un gran rascacielos que separa a la clase alta cercana al poder y al dinero del resto de simples miserables que viven a su servicio.

Lo que el director hace en ella es una denuncia de las grandes diferencias económicas que se estaban incrementando alarmantemente entre los ricos y los pobres. Lo hizo años antes del nacimiento del movimiento Occupy y de la última gran crisis financiera internacional que ayudaría a poner de relieve estas grandes diferencias entre la mayor parte de la población y los que detentan el poder político y económico. No deja de ser curioso que los zombis hagan la función de miembros alienados de las clases más bajas en el proceso de tomar conciencia de clase y acabar con el sistema que los utiliza como excusa para esclavizar al resto de la humanidad. Una revolución para acabar con el sistema, que intentan replicar pero de forma menos radical los vivos que aguantan entre los márgenes del río y la gran alambrada electrificada que deja fuera a los muertos vivientes, y que encuentra la resistencia de los que aspiran a un lugar de privilegio dentro de la jerarquía de ese sistema injusto.

Hasta este momento se habían presentado cuatro fases distintas consecuencia del apocalipsis zombi. Primero la reacción primordial de miedo, huida y lucha básica por la supervivencia de los individuos mientras la civilización persevera en conjunto por prevalecer con las directrices de las instituciones. Después viene la forma más organizada de supervivencia y el contraste entre los que ya tienen asumida la pérdida del orden, las leyes y las consecuencias de infringirlas y deciden organizarse para sobrevivir saqueando de forma sistemática o los que escogen mantener la ilusión de cotidianeidad de esa civilización que en el exterior ha sido destruida. En el tercer acto lo que se mostraba era los últimos reductos de la sociedad organizada, queriendo buscar soluciones a la crisis a partir de unas reglas obsoletas, buscando un mayor conocimiento de los muertos vivientes para destruirlos o convivir con ellos de alguna forma. Siguen adelante o bien porque es su misión o por satisfacer la necesidad de conocimientos, porque es lo que saben hacer y puede dar significado a sus vidas. Por último, en Land of the Dead se lleva al extremo de la destrucción total de la sociedad y cómo al reconstruir un nuevo orden se siguen los mismos patrones y se caen en los mismos errores. Un orden en el que unos pocos se aprovechan de la posición de poder adquirida para explotar a los demás imponiendo sus reglas.

Diary of the Dead (George A. Romero, 2007)
Diary of the Dead (George A. Romero, 2007)

Visto que ya había llegado al máximo desarrollo posible en cuanto a las consecuencias de la pandemia de los no muertos, el propio Romero decidió realizar un pseudoreboot de su propia saga, tomando de nuevo como punto de partida el comienzo de la invasión zombi con otros personajes que viven el suceso desde la perspectiva de la actualidad en el momento de contar la historia. En este caso adaptando el formato al found footage, tan de moda en el género de terror, pero dándole su propio estilo. En Diary of the Dead (2007) se sigue a un grupo de estudiantes de cine que están rodando una típica película de terror, y las circunstancias hacen que su director aproveche para capturar absolutamente todo lo que ocurre y crear así una memoria con los verdaderos hechos sucedidos contados desde su punto de vista. Un enfoque que se enriquece con las anotaciones a modo de historia marco que la protagonista femenina introduce en el relato, ya de por sí inmerso en lo metatextual, al mostrar tanto la propia producción y montaje del documental dentro del mismo como referencias, no exentas de gran carga irónica, a los clichés del cine de terror en general y al del mismo George A. Romero en particular.

Retomando la idea de Dawn of the Dead sobre el papel de los medios de comunicación para conformar una sociedad, el gran acierto en la actualización que sufre el concepto de la serie con Diary of the Dead es su ambientación en un mundo actual, en el que cualquiera puede generar información y se desconfía sistemáticamente de la que llega a partir de los medios de comunicación masivos y mainstream, manipulados en favor de intereses económicos y políticos. Pero también critica precisamente el hecho de que en el instante en que todo el mundo puede tener voz y hacerla llegar a los demás, los canales de comunicación se llenan de ruido y es casi imposible separar o distinguir lo que es valioso de lo que no. Un gran contraste con la noción comentada anteriormente de que la percepción de sociedad no puede existir sin comunicaciones es que ahora con los dispositivos móviles e Internet la sociedad como ente global y concreto pierde relevancia y son más las relaciones personales y las interacciones con otros individuos, independientemente de la localización geográfica, lo que define el mundo en que vivimos.

Ya de por sí todo esto es un aspecto refrescante, pero la película va más allá convirtiéndose en una reflexión sobre el poder de la imagen en el mundo actual del social media y de YouTube. Una era en la que todos llevamos en el bolsillo una cámara de vídeo y podemos capturar lo que ocurre a nuestro alrededor en todo momento y transmitirlo, perfilando una sociedad a partir de la creación y consumo de imágenes que provoca una pérdida de sensibilidad y empatía hacia lo que sucede y un distanciamiento incluso respecto de las personas más cercanas. La realidad ya no es suficiente para concienciar y, tal como dice la protagonista que también narra con su voz en off, no solamente quiere contar la verdad sino asustarnos. Por eso altera el concepto original de documental de forma consciente, justificando un montaje deliberadamente manipulador con esa intención al que se le ha añadido incluso efectos de sonido y música.

Survival of the Dead (George A. Romero, 2009)
Survival of the Dead (George A. Romero, 2009)

Regresando a un formato más típico y como caso excepcional, Survival of the Dead (2009) funciona como spin-off de la anterior y sucede cronológicamente también al mismo tiempo que los hechos de la trilogía original. En ella se sigue al grupo de soldados de la Guardia Nacional que hacía acto de presencia en la entrega precedente robando a los protagonistas. Tras dejar sus puestos deciden buscar un lugar donde estar seguros y el destino les lleva a una pequeña isla en la costa atlántica donde una disputa entre clanes familiares pone en riesgo la supervivencia de sus habitantes.

El núcleo de la película gira en torno a la intolerancia religiosa, desde el eterno enfrentamiento de los seres humanos cuando tienen posiciones diametralmente opuestas del mundo que son incompatibles y la incapacidad para dejar a un lado las diferencias y colaborar para superar una grave crisis. Un ciclo de la violencia que es imposible romper, porque ninguno es capaz de ponerse en el lugar del otro y de asumir la pérdida de los seres queridos y la muerte. Además de mostrar el inmovilismo y la tendencia a querer aferrarse a las tradiciones por encima de cualquier cosa, aunque suponga sufrir las consecuencias y sacrificarse con tal de mantener o imponer como válida la concepción del mundo que unos tienen y no aceptar cambios que entran en contradicción con el criterio moral que se posee. En definitiva, se trata de una radiografía antibelicista de los conflictos violentos y la naturaleza humana en relación con ellos.

Aunque es cierto que Romero sigue incluso en esta última ampliando su propia serie con relatos cuidados en los diálogos y los personajes, inspirados en lo cómico y hábiles en la disección de diferentes matices del espíritu humano y el funcionamiento de la sociedad, tras veinte años el hacer tres películas en un periodo de tiempo tan corto ha acabado pasándole factura y son evidentes ya en esta última bastantes síntomas de agotamiento. A pesar de las exposiciones puntuales de ingenio y de formas originales y sádicas de matar zombis o ser atacados por ellos, poco parece que pueda aportar ya al universo creado o reformulado por las anteriores. Su hijo G. Cameron Romero quiere sacar adelante una precuela de Night of the Living Dead que sirva como homenaje y permita continuar el legado de su padre, pero a estas alturas es difícil no cuestionarse si es necesario revisitar el pasado para ello, cuando el mismo creador original ha evidenciado ser capaz de reinventarse sin tener que recurrir a apoyarse en sus modelos ya explotados más que en los mínimos elementos para permanecer dentro del género y siendo fiel a las características básicas de sus obras.


Por Ramón Rey

Crítico y periodista cinematográfico.