Ex Libris: The New York Public Library (Frederick Wiseman, 2017)2 minutos de lectura

Ex Libris: The New York Public Library (Frederick Wiseman, 2017)
Ex Libris: The New York Public Library (Frederick Wiseman, 2017)

Más de 3000 empleados, 88 delegaciones de préstamo y 4 de investigación –repartidos entre Manhattan, el Bronx y Staten Island–, 53 millones de artículos en su colección y un presupuesto de 250 millones de dólares son las cifras que describen la Biblioteca Pública de Nueva York. Se trata de la segunda más grande de Estados Unidos (sólo detrás de la Biblioteca del Congreso) y la cuarta del mundo. Una institución centenaria que se gestiona a través de una corporación sin ánimo de lucro cuya financiación se resuelve entre fondos públicos y privados, cuya actividad tiene un alcance que va mucho más allá de lo que el imaginario colectivo asume por defecto al escuchar la palabra “biblioteca”. Este es el objeto de estudio del nuevo documental del veterano cineasta Frederick Wiseman: Ex Libris: The New York Public Library, film proyectado dentro de la sección Zabaltegi-Tabakalera. Unas 150 horas obtenidas de metraje condensadas en 197 minutos sirven para conocer con la mirada de su director su funcionamiento interno, las actividades programadas, la gestión administrativa y las decisiones políticas sobre su función y objetivos o su interacción con la ciudad en lo social, cultural y artístico.

Ex Libris: The New York Public Library (Frederick Wiseman, 2017)
Ex Libris: The New York Public Library (Frederick Wiseman, 2017)

Todo ello capturando las visitas de figuras relevantes, las actuaciones, exhibiciones e incluso las cenas con su benefactores o las estrategias para recaudar fondos a nivel local, estatal y federal. Pero ¿qué pasa con sus usuarios, con esos mismos miembros de la comunidad a cuyas vidas pretenden afectar a través de su servicio de acceso al conocimiento y de punto de encuentro con el legado histórico y la visión crítica del presente? Ex Libris: The New York Public Library se configura como una obra inasumible tanto por extensión como por la densidad y multitud de elementos discursivos incorporados a través de la pura observación. Todo es discurso y el problema radica en su empeño por representar exclusivamente desde dónde se presenta el mismo y hacia qué dirección. La Biblioteca Publica de Nueva York es una institución burguesa y la decisión consciente de Wiseman de mostrar únicamente lo que ocurre dentro de sus sedes restringe enormemente el alcance de su largometraje, que no cuestiona nada de lo que es testigo a través de la cámara ni se plantea en ningún momento dar voz a quienes entran y hacen uso de su espacio. O a quiénes dejan fuera. Sólo un pequeño desliz en sus más de tres horas permite advertir que hay mucho más que contar sobre esta biblioteca y su papel de punto de encuentro comunitario. Unos planos de personas sin techo alrededor del edificio principal de la Quinta Avenida –y la posterior conversación de empleados de la misma sobre los códigos de conducta de quienes acceden– dejan entrever un conflicto soterrado, uno que no interesa al distante y oficialista punto de vista escogido por su director, ajeno a cualquier contextualización verdadera en el entorno urbano (y humano) en el que se comprende su labor.


Por Ramón Rey

Crítico y periodista cinematográfico.