El invierno (Emiliano Torres, 2016)2 minutos de lectura

El invierno (Emiliano Torres, 2016)
El invierno (Emiliano Torres, 2016)

En la Sección Oficial sorprendió la argentina El invierno (Emiliano Torres, 2016). Ambientada en un lugar remoto de la Patagonia, un rancho es el centro neurálgico de las vidas de los trabajadores que, temporada tras temporada, acuden al esquileo de las ovejas. Allí vive Evans, un veterano capataz cuya vida gira exclusivamente alrededor del mantenimiento de la estancia. Cuando es reemplazado por el joven Jara sus existencias se transforman, dejando al descubierto las exigencias y los sacrificios que supone el lugar para los que están dispuestos a realizar sus tareas. La lucha contra la naturaleza y la soledad, el conflicto generacional y un medio de vida en decadencia son la base de este western moderno parco en palabras que sustenta su narración en una imponente fotografía y una estricta planificación visual sin concesiones.

El trabajo como medio o como fin. El viejo capataz con más pasado que futuro que no posee una vida más allá de la geografía que define el cercado de las tierras que mantiene por un lado. El joven responsable y trabajador hombre de familia cuyos esfuerzos están orientados a proporcionar un futuro mejor para él y los suyos por otro. Dos formas de entender la misma responsabilidad al servicio y mayor beneficio de otros. Una oposición que se refleja en la misma administración del lugar y que les une en un mismo punto: la alienación y el desarraigo que provoca el aislamiento, la claustrofobia de esos parajes naturales inmensos y desiertos, las malas condiciones climatológicas durante el largo e insoportable invierno. Con todo el martirio al que Jara se enfrenta para mantener su puesto a toda costa, se conforman imágenes que parecen nacer con imperceptibles ecos de Dersu Uzala (Akira Kurosawa, 1975).

El invierno (Emiliano Torres, 2016)
El invierno (Emiliano Torres, 2016)

Con sus grandes planos generales que cubren todo el horizonte y empequeñecen al hombre, El invierno describe una insignificancia casi imponderable. Una que se extiende al trato carente de lealtad y gratitud entre iguales que debe soportar a cualquier precio el individuo prescindible de turno que sea asignado para sustituir al anterior por los que sí poseen las riquezas que ellos cuidan. Combinado con un extraordinario uso de la profundidad de campo, la puesta de escena en espacios abiertos ayuda a formar imágenes de extraordinaria belleza. Una que esconde los padecimientos y la angustia que reclama a los que desean vagar por sus praderas, riscos y valles. Una frontera desagradable y hostil cuya inevitable desaparición destruirá consigo la forma de subsistir que ha prevalecido por siglos para dar paso a la domesticación forzada por los intereses privados y egoístas. La idea de frontera del respeto a la tierra de la que se obtiene alimento y cobijo aunque sea costosamente desaparece. Lo indómito ahora se ve como un reto que nadie ha planteado para explotarlo hasta la extenuación, de la misma manera que se hace con los que buscan fortuna en sus confines.


Por Ramón Rey

Crítico y periodista cinematográfico.