Cialo (Malgorzata Szumowska, 2015)4 minutos de lectura

Cialo (Malgorzata Szumowska, 2015)
Cialo (Malgorzata Szumowska, 2015)

Aparece un hombre ahorcado colgando de un árbol en mitad del campo. Una horrible escena del crimen que no perturba lo más mínimo al procurador que acude, un hombre viudo que al no superar el fallecimiento de su esposa se ha refugiado en su trabajo y en el alcohol. Pero las cosas no son lo que parecen. Al cortar la cuerda, el cadáver del suicida cae al suelo para unos instantes después reanimarse de forma inexplicable. La víctima se levanta y comienza a caminar sin mirar atrás ni mediar palabra. Esta serie de acontecimientos de su secuencia inicial concreta perfectamente la dimensión temática de Cuerpo (Cialo) (Małgorzata Szumowska, 2015), una cinta que aborda las distintas maneras de confrontación con la muerte y la pérdida de sus tres personajes principales: el procurador, su hija con desórdenes alimenticios que se ha visto a obligada a convivir con él y la poco ortodoxa terapeuta que conoce en la clínica en la que es ingresada para superar sus problemas.

Una confrontación que viene expresada a través de la fotografía en su uso de la iluminación para destacar los distintos estados de ánimo en función de los diferentes espacios en que estas tres personas pasan los días. Lo lúgubre de sus hogares donde sus pesadillas se conservan, el indiferente gris de las calles de la ciudad en su transcurrir cotidiano y la exagerada luminosidad del interior de la institución en el que un puñado de jóvenes aprenden a manifestar todo lo que han reprimido y les ha llevado a poner en peligro su bienestar. Sólo recibiendo ayuda del otro cierto optimismo puede calar y podrán acumular las fuerzas necesarias para enfrentarse a las frustraciones y desgracias cuyos cuerpos registran como testigos silenciosos. La pérdida del control físico es así una manifestación básica de la merma del dominio sobre sus propias existencias, ese que deben recuperar para poder seguir adelante una vez liberados de sus respectivos lastres.

Cialo (Malgorzata Szumowska, 2015)
Cialo (Malgorzata Szumowska, 2015)

Los distintos casos en los que trabaja el padre son situaciones que tienen algo en común al margen de lo pintoresco e inquietante de la naturaleza de los crímenes: nunca son lo que parecen a primera vista, su explicación va más allá de elementos cuantificables objetivamente y tienen más que ver con la enigmática esencia moral del ser humano. Esto se ve reflejado en el extraño comportamiento de los protagonistas, que huyen de lo racional para no hacer frente a los profundos temores e inseguridades que les atormentan. La incapacidad para expresar los sentimientos y la falta de comunicación les lleva a eludir el dolor personal pero también el compartido, ese paso necesario dentro del proceso para superar los tragedias que todos vivimos. Esto llega al extremo en el caso de Anna, que ha desarrollado la habilidad de comunicarse con los muertos de otros, pero oculta a su madre una tragedia que ha definido fundamentalmente sus últimos años.

Esta es una historia polaca de fantasmas, tanto en el plano literal como en el metafórico. Unos fantasmas que todos nos creamos como representación de la añoranza de aquellos seres queridos que se desvanecen por el camino. Una maldición que nos conjuramos a nosotros mismos cada vez que nos negamos a asumir las consecuencias de lo que nos aflige. La capacidad de aceptarlas está directamente relacionada con la de pasar página y olvidar. Algo a lo que cuesta entregarse por la propia anticipación de la melancolía y la supuesta traición a aquellos que amamos. Un mecanismo de autodefensa que genera respuestas imprevisibles. Ninguna incorrecta, pero que siguiendo la línea discursiva de Szumowska deben ser temporales si no se quiere caer en el riesgo de perder el contacto con el mundo de los vivos.

Cialo (Malgorzata Szumowska, 2015)
Cialo (Malgorzata Szumowska, 2015)

Por eso son los espíritus de los difuntos los que parecen atormentar a los vivos y la historia del film se configura alrededor de la posibilidad de que la madre de Olga pueda tener todavía presencia en su casa. Un misterio que evoluciona como una de las investigaciones en las que participa su padre, convirtiéndose en el foco de atención de la narración. Esta intriga por resolver conecta a tres personajes traumatizados, guiando al mismo tiempo a los espectadores por su complicada psicología, conectando emocional y visualmente el relato de forma consistente. Sus motivaciones y acciones, sus sentimientos, las relaciones que mantienen con los demás se desentrañan poco a poco hasta llegar a un delicado, poderoso y catártico final en el que la emoción se adueña de la imagen simplemente a través de la luz y los rostros. Todo queda dicho en un breve pero maravilloso instante en el que no se dice nada.


Por Ramón Rey

Crítico y periodista cinematográfico.