Call Me by Your Name (Luca Guadagnino, 2017)2 minutos de lectura

Call Me by Your Name (Luca Guadagnino, 2017)
Call Me by Your Name (Luca Guadagnino, 2017)

¿Eres lo que sientes o lo que expresas hacia los demás con tus acciones? ¿De qué sirve sentir si no puedes comunicar lo que te hace único como individuo a los que te rodean y quieren? En la sección Perlas se proyectó Call Me by Your Name, en la que Luca Guadagnino) crea a partir de esta aparentemente simple idea un complejo torbellino de pasión de juventud, exploración de la sexualidad y descubrimiento de la identidad de un adolescente de 17 años a través de su relación con el nuevo ayudante de su padre, que visita su casa de campo en el norte de Italia durante el verano. Guadagnino compone sin pudor una conexión entre la fe judía profesada con discreción por la familia del chaval protagonista que comparte su invitado, la diferente aproximación a sus impulsos sexuales fuera de la norma social aceptada en su contexto histórico, el juego etimológico entre el padre y su protegido o el arte que catalogan y descubren de la antigüedad en sus trabajos. Una alusión cruzada que sirve para elaborar su tesis de cómo la expresión de la identidad –personal, social, religiosa, sexual, cultural– es básica no sólo para construcción de la misma sino para asumir su mera existencia. El reconocimiento de una realidad visible en los otros (del presente, del pasado) y la reciprocidad es lo que nos ayuda a conocernos mejor a nosotros mismos.

Call Me by Your Name (Luca Guadagnino, 2017)
Call Me by Your Name (Luca Guadagnino, 2017)

Pero no hay que perder de vista que el relato en ningún momento quiere dejar de ser una historia de amor de una tremenda sensibilidad, sensualidad y humanismo en un tono ligero que explicita esa ausencia de gravedad real en prácticamente casi todo lo que experimentamos en la vida. Con una narración ágil, la utilización de canciones como vehículo de ambientación y evocación o sus elegantes diálogos –que no caen en la pedantería ni lo hortera nunca porque desprenden una honestidad subyugante–, la recurrencia de espacios y los momentos que se captura en ellos forman poco a poco durante su metraje una acumulación casi inasumible de emociones, miradas y palabras, de cuerpos que se aproximan antes incluso de acercarse. Call Me by Your Name es tan intensa como el primer amor, tan conmovedora como una despedida de un ser amado a quien no sabes si volverás a ver jamás. Y lo consigue sin traicionar su delicioso sentido del humor y la comprensión hacia sus personajes, sus deseos o frustraciones. Ellos siempre son el elemento principal del film, aunque las señas estilísticas del director en forma de travelins y zooms salvajes o elipsis expresivas en las transiciones entre escenas no dejen de estar presentes.


Por Ramón Rey

Crítico y periodista cinematográfico.