Barrage (Laura Schroeder, 2017)2 minutos de lectura

Barrage (Laura Schroeder, 2017)
Barrage (Laura Schroeder, 2017)

Fuera de la Sección Oficial, en Forum se pudo ver la proyección de la cinta francobelga Barrage (Laura Schroeder, 2017) cuya nota de producción más destacable era la participación estelar de Isabelle Huppert junto a su propia hija en la vida real —Lolita Chammah— interpretando a la de su personaje. Es esta última la protagonista de la historia en la que Catherine regresa a su ciudad natal (Luxemburgo) después de diez años desaparecida de las vidas de su madre y su pequeña hija. Diez años ausente que han servido para superar graves problemas personales que la llevaron en su día a alejarse para dejar de evitar hacer daño a una niña que ha crecido con su abuela criándola como referente maternal. Algo que para su hija pródiga supone revivir los traumas que su propia madre creó en ella a través de su insistentes exigencias.

Rodada desde un estilo naturalista, la directora no duda en dejar espacio a recursos como los montajes musicales y la interacción entre música extradiegética y diegética para crear secuencias con un gran poder emocional, sin abandonar la sencillez de una mirada siempre puesta en el aspecto psicológico y manteniendo un complicado equilibrio entre los puntos de vista de abuela, madre e hija, completando así una visión poliédrica que se aleja del juicio a sus personajes y prefiere buscar la comprensión hacia sus actos y motivaciones. Desentrañar las razones del abandono de Catherine a su hija y las cicatrices de una infancia marcada por la competitividad impuesta a través del entrenamiento y la competición tenística son sólo una parte del discurso propio sobre el conflicto intergeneracional, elaborando una reflexión actual y honesta sobre las distintas aproximaciones a la educación de los hijos desde la crianza y la reconciliación con el pasado.

Barrage (Laura Schroeder, 2017)
Barrage (Laura Schroeder, 2017)

No es fácil dar coherencia a todos estos frentes de forma consistente sin perder ese minimalismo en el relato que busca mantener a toda costa para no perder autenticidad. Una colisión de estructura y forma que se hace notar en el tramo medio de una película que al basar gran parte de su narración en la peripecia —en todas esas pequeñas cosas que pueden ocurrir en el reencuentro de una madre con su hija—, en sus gestos, en sus palabras, en sus silencios, en las discusiones,… parece deambular sin rumbo durante una importante parte de su transcurso. Pero esto es algo que en su tramo final se resuelve, aunque sea por mera acumulación y evocación de momentos anteriores, dejando ver un objetivo muy bien definido. Uno en el que la idea de plantear preguntas y cuestionarse el pasado y las decisiones de uno mismo concuerda con la inevitable insatisfacción de una vida siempre por resolverse, siempre abierta a cualquier posibilidad aunque se haga lo correcto.


Por Ramón Rey

Crítico y periodista cinematográfico.