Alanis (Anahí Berneri, 2017)2 minutos de lectura

Alanis (Anahí Berneri, 2017)
Alanis (Anahí Berneri, 2017)

En Sección Oficial dentro de la primera jornada del festival se pudo ver el nuevo trabajo de la directora argentina Anahí Berneri, Alanis. La protagonista cuyo nombre da título a la película es una madre soltera que ejerce la prostitución, hacinada en un piso que comparte con una compañera a la que de un día para otro encierran acusándola de trata. Alanis, en la calle y con su bebé de año y medio debe hacer frente a una situación insostenible dentro de la miseria en la que acostumbra a vivir cada día. Y ese es precisamente el certero punto de vista con el que desarrolla la historia la directora de Aire libre (2014): el proceso de reafirmación y reconocimiento de una mujer que sabe sobrevivir en una situación extrema de explotación y pobreza en su cotidianidad. Con unas alternativas que resultan hasta cierto punto igual o más degradantes, con las instituciones y sus conocidos dispuestos a ayudar, pero sin asumir sus preferencias o la urgencia de sus necesidades, Alanis únicamente sabe huir una y otra vez de regreso al sórdido mundo que la ha puesto al límite. Un lugar en el que sabe encontrar su sitio seguro, por muy atroz que resulte visto desde fuera.

Alanis (Anahí Berneri, 2017)
Alanis (Anahí Berneri, 2017)

Con un montaje conciso y una propuesta formal apoyada en la fotografía que aísla a su protagonista de su entorno constantemente, que desenfoca todo lo que no sea su expresión corporal fijada obsesivamente en salir adelante –en su poder de voluntad y responsabilidad hacia su hijo, alternando intuitivamente con su perspectiva sobre lo que la rodea–, Alanis establece de manera rápida y extraordinariamente acertada su aislamiento de la sociedad, su reclusión de un mundo del que no es parte ni individuo de derecho por defecto. Los reencuadres en interiores, la utilización de la estructura de las localizaciones reinciden en una planificación carcelaria. Ella sólo puede expresarse y tomar el control en las relaciones con sus clientes cuando participa en la construcción de las narrativas de dominación y poder que fluyen sobre ella. La gran secuencia de la película es precisamente una en la que se relata desde su recogida en la calle hasta su término el contacto con un cliente. Un espeluznante plano medio de su rostro desconectado de su cuerpo y de las exigencias del hombre que la contrata incluido de fondo sirve para explicar, subvertir y reafirmar la opresión que sufre mientras la canaliza con rabia. Una catarsis que parece la clave para entender sus acciones y decisiones, que por otra parte se plantean con una psicología que debe deducirse de ellas exclusivamente.


Por Ramón Rey

Crítico y periodista cinematográfico.