A fábrica de nada (Pedro Pinho, 2017)2 minutos de lectura

A fábrica de nada (Pedro Pinho, 2017)
A fábrica de nada (Pedro Pinho, 2017)

La última crisis global del capitalismo ha demostrado que en realidad ese es su estado natural. Un proceso continuo de readaptación a las condiciones cambiantes en el que los trabajadores son siempre las víctimas y los sacrificados, mientras los responsables de mantener esta estructura hegemónica siguen ganando dinero vaya bien o mal para el resto, a golpe de doctrina del shock. En la cinta portuguesa A fábrica de nada (Pedro Pinho, 2017) la situación terminal de una factoría de ascensores en Portugal –con la reacción de su plantilla afrontando la desaparición de sus puestos de trabajo y yendo a la huelga ocupando su espacio– sirve de eje directriz de una ambiciosa narración que se abre todo lo posible para abarcar las distintas maneras de entender el mundo de sus protagonistas frente al infortunio. Una subyugante necesidad inmediata parece imposibilitar cualquier protesta profundamente comprometida contra las ofertas de despido, menos plantear una enmienda a la totalidad del sistema cuando no hay alternativas reales que ejecutar en un mundo dominado por la falta de cuestionamiento de la jerarquía de producción y sus objetivos.

A fábrica de nada es política entendida desde las implicaciones holísticas –sociales, personales, existenciales e ideológicas– de unos personajes que asumen una representación de un gran espectro de actitudes y contextos diferentes. Sus imágenes combinan la transparencia de un naturalismo pseudodocumental con la perspectiva moral de las acciones y las decisiones dignas del neorrealismo italiano. Pero también muestran elementos divergentes que, por ejemplo, permiten integrar secuencias musicales como un delirio mágico metacinematográfico. Recrear y apropiarse de ellas es un reflejo narrativo de las pretensiones de estos obreros en fase de crear una cooperativa para asumir su propio futuro, para tomar la responsabilidad individual de planificar un medio de producción y definir las formas. Se trata de hacer política desde abajo para poder sobrevivir y competir en un mercado dirigido desde arriba que cuanto más eficiente se vuelve, menos compatible resulta con la vida, las relaciones, el ocio y el mismo trabajo humano.

A fábrica de nada (Pedro Pinho, 2017)
A fábrica de nada (Pedro Pinho, 2017)

En este film visto dentro de la Sección Oficial del Festival de Sevilla, las discusiones se vuelven rutina y los argumentos encuentran callejones sin salida. Lo único que cohesiona a los individuos que seguimos en esta excepcionalidad cotidiana es un cierto sentido de solidaridad y la idea de que la resistencia es un arma de lucha que les puede llevar a una solución consensuada. Pedro Pinho integra además en la dilatada estructura de su montaje las distancias existentes entre las familias, entre el hogar y el lugar de trabajo, las amistades y las relaciones profesionales. No existimos si no podemos producir, no podemos producir si no existimos. Hacernos visibles para un sistema inhumano sólo puede alcanzarse a través la conciencia de clase y la organización libre de intereses ajenos a quienes crean la verdadera riqueza que mueve el mundo.


Por Ramón Rey

Crítico y periodista cinematográfico.